El metiche de marras

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Thursday, February 28, 2013

En el límite de la resistencia existencial

Hace un año (días más, días menos), comencé una aventura que en su momento me supuso un escalón arriba. Pasé a formar parte de una administración pública con un grado que supone cierta jerarquía. Sentí un poco de temor; ya saben, los cambios suponen esfuerzos adicionales. Los amigos me alentaban, y los que me conocen y me sienten como muy capaz de más cosas de las que yo mismo me siento capaz, se alegraron sinceramente.
Pero las cosas sucedieron en una dinámica de estira y afloja. Hice algunas buenas cosas, organicé eventos interesantes, claro, con el apoyo de más personas. Pero de manera paralela, me fui inbuyendo de actividades que desde siempre me han fastidiado la tranquilidad.
La cosa se fue desgastando, o me fue desgastando a mí y a mi paciencia y a mi estabilidad emocional.
Los dos últimos eventos fueron ya el acabose de mi paciencia. Lidiar con una visión diferente de lo que yo entiendo por cultura, es cansado, sobre todo porque la parte que manda, y por ende la que paga, no estaba tan interesada en mis propuestas, sino en su visión de actividades multitudinarias enfocadas al apapacho inmediato de la gente.
Creo que en parte puede ser mi culpa. Me explico, me dejé cansar, me dejé convencer por el resto de los compañeros de trabajo que no había mucho qué hacer entre tanta indiferencia. Y sin contar con apoyo moral, sin presupuesto adecuado, sin ganas de hacer enlaces, visitas, gestiones, papeleo, labor de convencimiento, pues los resultados eran eventos pequeños, para poca gente, sin pedir nada en el departamento administrativo y sin informar acciones ni resultados más que al final de año, en una diminuta mención de actividades culturales en el segundo informe de gobierno municipal.
Bueno. Muchas veces le dije a las pocas personas con las que logré charlas intelectuales, que acabaría renunciando; aunque, como me ha sucedido en otros casos, no logro desvincularme de tajo de este empleo. Algo me retiene, es como un sabotaje (de hecho, ayer me regañaron porque, por no lograr este rompimiento saludable, ya estoy saboteando otro proyecto que realmente me emociona y que al mismo tiempo temo abordar ya con decisión).
El objeto de todo esto es dejar salir esta como frustración, es ver plasmado en la pantalla lo que no estoy escribiendo, que es la parte más visceral de mi estado laboral actual.
Quiero poder botar todo así nomás, como otros, pero no lo puedo hacer con ese desparpajo. Aún así, como hoy, me atrevo a simplemente no hacer acto de presencia en nada y dedicarme exclusivamente a mi trabajo creativo.
Este es el boceto de mi proyecto.
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