...ecos de canciones que nutran la nostalgia.
La inevitable sensación de que sin letra estarían mejor ciertos trazos de guitarras, compases de baterías, voces que aullan, coros que acompañan sensaciones gloriosas.
Si todo lo que escucho durante el día se combinara, quizá acabaría encontrando el soundtrack perfecto para el rodaje de mi vida en el escenario cotidiano.
Pero siempre habrá quien se empeñe en destrozar las emociones que genera la música poniéndole letras pendejas.
Y yo que me la pasé seleccionando lo mejor de la música de esta semana en combis, internet, radio y ipods de relativos cuates.
Llegó a valerme madres que fueran Heavys épicos, banales pops radiales, combativos hardcores, megalómanos reggetones o corajudos corridos.
Lo importante fue ubicar la dispersa identidad de esta cosa que me está carcomiendo y que ya no llenan los hipócritas caminos y los personajes que a cada rato ofrecen aventón.
Pinches carreteras a la perdición convenenciera.
Pinches Cadillacs negros y pulidos.
Pinches camionetas rojas retacadas de mariguana.
pinches chevrolets oxidados que transportan mi dolor.
pinches lotes de autos usados/robados que se ofrecen al mejor postor cual putas fugas de espacio-tiempo.
pinches opinadores, pinches todos, pinches ganas de estar chingando la madre, de cagar el palo, de entrometerse en lo que yo quiero sentir/saber/gritar/hacer.
Ah, la de veces que ha de suceder a partir de ahora...
Otra canción sin letra por favor.
Wednesday, January 30, 2008
Monday, January 21, 2008
A la caza
Atrapando pesos para alimentarme.
Capturando discos para actualizarme.
Afianzando proyectos para ocuparme.
Aprendiendo nahuatl para Estación Xochipitzahuac
Amarrando contactos para publicar tres libros.
Convenciendo gente para hacerles trabajos de diseño gráfico.
Colocando mesas para que los niños de la vecindad pinten lo que gusten pintar.
Levantándome de madrugada para escribir ideas para nuevos cuentos.
Hablando a una veintena de estudiantes de secundaria acerca de lo maravilloso del arte.
Revisando por aquí y por allá para tener la croqueta con qué nutrir a ese flaco fanzine llamado El Perro.
A la caza de lectores, de nuevos amigos, de conversaciones agradables, de sabores estimulantes, de aventuras sencillas que no me compliquen el amor ya comprometido, de texturas que proporcionen al tacto y a la vista mayores satisfacciones.
Cazo de todo, ropavejero de oportunidades.
pescador sin crueles garfios, sin sedal y sin estrategias. Cazo como camino: a la deriva y sin plan determinado.
Así cazo y casos como este son escasos.
Eso creo.
Salud camaradas!!!
Capturando discos para actualizarme.
Afianzando proyectos para ocuparme.
Aprendiendo nahuatl para Estación Xochipitzahuac
Amarrando contactos para publicar tres libros.
Convenciendo gente para hacerles trabajos de diseño gráfico.
Colocando mesas para que los niños de la vecindad pinten lo que gusten pintar.
Levantándome de madrugada para escribir ideas para nuevos cuentos.
Hablando a una veintena de estudiantes de secundaria acerca de lo maravilloso del arte.
Revisando por aquí y por allá para tener la croqueta con qué nutrir a ese flaco fanzine llamado El Perro.
A la caza de lectores, de nuevos amigos, de conversaciones agradables, de sabores estimulantes, de aventuras sencillas que no me compliquen el amor ya comprometido, de texturas que proporcionen al tacto y a la vista mayores satisfacciones.
Cazo de todo, ropavejero de oportunidades.
pescador sin crueles garfios, sin sedal y sin estrategias. Cazo como camino: a la deriva y sin plan determinado.
Así cazo y casos como este son escasos.
Eso creo.
Salud camaradas!!!
Friday, January 18, 2008
muertes, resurrecciones y zombies
Se murió uno de los hombres que en su momento y con su obra contribuyeron a que me enganchara en el Rock; cosa que las vacas sagradas tipo Pink Floyd o The Beatles no lograban en mi niñez.
Kevin Dubrow sería todo lo maleta y arribista y mediocre que quisieran, pero en 1983 fue el único que hizo, con sus gritos y su imagen, que entrara al mundo del heavy.
Lo malo del asunto es que su muerte viene a ser de los más absurda y anodina y chafa. Antaño, morirse de una sobredosis era entrar al olimpo del Rock'n'roll. Ahora, es una verdadera pendejada; y más si se tienen 52 años y tu banda hace lustros que no es tocada ni en las radios de tu país en la sección de recuerdos.
Pero aún así: !Viva Quiet Riot!
Por otra parte, uno de esos animales que andaban las calles sin tantos aspavientos y sin más intención que simplemente vivir, acaba de encontrarse ante un espejo tipo Tezcatlipoca. El Perro fanzine peregrino resucita, y lo hace con toda su carga de huesos roidos y fotocopiados; faltaba más.
Ya se lo encontrarán por una de esas calles una y otra vez acribilladas por un presunto modernizaje urbano, cómplice de jugosos negocios por parte de nuestras autoridades.
y finalmente, encontré una horda de zombis que creí definitivamente sepultados muy a mi pesar.
Encontrarme nuevamente, hace unas semanas, en sendas tocadas barriobajeras me hizo saber que finalmente, el gusano no ha muerto, se enroscaba pernicioso a la espera de seguir fagocitando las entrañas harto podridas de ciudades periféricas a Tlaxcala.
Ahí estaba, muevamente en mi ambiente; hijo pródigo de un sonido subterraneo recibiendo la bienvenida de los que no han salido, ni quieren hacerlo, de la cloaca.
¡Hermanos roqueros, para ustedes será el privilegio de mi zombificación!
Kevin Dubrow sería todo lo maleta y arribista y mediocre que quisieran, pero en 1983 fue el único que hizo, con sus gritos y su imagen, que entrara al mundo del heavy.
Lo malo del asunto es que su muerte viene a ser de los más absurda y anodina y chafa. Antaño, morirse de una sobredosis era entrar al olimpo del Rock'n'roll. Ahora, es una verdadera pendejada; y más si se tienen 52 años y tu banda hace lustros que no es tocada ni en las radios de tu país en la sección de recuerdos.
Pero aún así: !Viva Quiet Riot!
Por otra parte, uno de esos animales que andaban las calles sin tantos aspavientos y sin más intención que simplemente vivir, acaba de encontrarse ante un espejo tipo Tezcatlipoca. El Perro fanzine peregrino resucita, y lo hace con toda su carga de huesos roidos y fotocopiados; faltaba más.
Ya se lo encontrarán por una de esas calles una y otra vez acribilladas por un presunto modernizaje urbano, cómplice de jugosos negocios por parte de nuestras autoridades.
y finalmente, encontré una horda de zombis que creí definitivamente sepultados muy a mi pesar.
Encontrarme nuevamente, hace unas semanas, en sendas tocadas barriobajeras me hizo saber que finalmente, el gusano no ha muerto, se enroscaba pernicioso a la espera de seguir fagocitando las entrañas harto podridas de ciudades periféricas a Tlaxcala.
Ahí estaba, muevamente en mi ambiente; hijo pródigo de un sonido subterraneo recibiendo la bienvenida de los que no han salido, ni quieren hacerlo, de la cloaca.
¡Hermanos roqueros, para ustedes será el privilegio de mi zombificación!
Thursday, December 20, 2007
Ni para que ponerse a mentar madres
Si todo el tiempo, incluido el que se me viene encima, me las he arreglado para salir del lodo.
Ahora que se me acaba el año, bien puedo hacer una lista de toda la gente que me ha ayudado sin ningún pedo:
1.-
2.-
3.-
...
...
...
Y después, leyendo la lista, me encuentro fácil con 666 nombres de gente a toda madre que es amiga en cualquier situación. Así que para que me hago pendejo y le pongo al mundo cara de rencor, si en ese mismo mundo la gente que vale la pena siempre ha estado de mi lado, y de su lado y de todos los lados posibles para hacer de la vida una gran fraternidad al margen del dinero, del poder, del intelecto, del clima y de los usos y costumbres y de todo eso que son artificios sociales.
Por eso, el año se despedirá bufando de hastío pero yo me quedaré aquí celebrando que en mi bolsa no hay un puto peso pero en mi cuerpo y mente hay todavía cantidad de situaciones que valen lo vivido.
SALUD A TODOS!!!!
Ahora que se me acaba el año, bien puedo hacer una lista de toda la gente que me ha ayudado sin ningún pedo:
1.-
2.-
3.-
...
...
...
Y después, leyendo la lista, me encuentro fácil con 666 nombres de gente a toda madre que es amiga en cualquier situación. Así que para que me hago pendejo y le pongo al mundo cara de rencor, si en ese mismo mundo la gente que vale la pena siempre ha estado de mi lado, y de su lado y de todos los lados posibles para hacer de la vida una gran fraternidad al margen del dinero, del poder, del intelecto, del clima y de los usos y costumbres y de todo eso que son artificios sociales.
Por eso, el año se despedirá bufando de hastío pero yo me quedaré aquí celebrando que en mi bolsa no hay un puto peso pero en mi cuerpo y mente hay todavía cantidad de situaciones que valen lo vivido.
SALUD A TODOS!!!!
Reincorporado
O sea, un buen día me volví a levantar. O quizá me volví a aparecer por esta ciudad capital que es la periferia de otra mega capital.
O sea, estoy otra vez recorriendo las calles de Tlaxcala, que por otra parte no se me presenta como una perspectiva alegre de fiestas decembrinas. Mucha gente que desconozco, muchas actividades que se me escaparon, muchas conexiones rotas en escasos cuatro meses.
Y luego, apenas llegando y ya me estoy peleando con los artistos locales.
Vale queso todo esto.
Ni para qué replicar, si apenas me atrevo a hacer preguntas para salir de la ostra, ya me están llamando por teléfono ofendidísimas por mi necesidad de ponerme al corriente.
Aquí hay que andarse con cuidado, porque cualquier momento a alguien le da por suponerse detentor de las cosas de arte; y me incluyo, como no, para estar a tono.
Somos un grupito de payasos jugando a los intelectuales, atreviéndose a encarar al del otro lado de la cerca y elevar el mentón para sentirnos más grandes y mejores.
Así que ni cómo escribir que me siento orgulloso de haber sido llamado maestro allá en Atltzayanca y Tequexquitla; ahora cualquier individuo sin licenciatura es maestro ante los ojos de otros.
Pero entonces, ya acabado mi periodo talleril, ¿Qué voy a hacer para solventar la horrible (según los analistas financieros) cuesta de Enero?
¿Alguien, de los que no se ofenden, me puede sugerir algo para sacar una lana?
Se los agradeceré mucho.
O sea, estoy otra vez recorriendo las calles de Tlaxcala, que por otra parte no se me presenta como una perspectiva alegre de fiestas decembrinas. Mucha gente que desconozco, muchas actividades que se me escaparon, muchas conexiones rotas en escasos cuatro meses.
Y luego, apenas llegando y ya me estoy peleando con los artistos locales.
Vale queso todo esto.
Ni para qué replicar, si apenas me atrevo a hacer preguntas para salir de la ostra, ya me están llamando por teléfono ofendidísimas por mi necesidad de ponerme al corriente.
Aquí hay que andarse con cuidado, porque cualquier momento a alguien le da por suponerse detentor de las cosas de arte; y me incluyo, como no, para estar a tono.
Somos un grupito de payasos jugando a los intelectuales, atreviéndose a encarar al del otro lado de la cerca y elevar el mentón para sentirnos más grandes y mejores.
Así que ni cómo escribir que me siento orgulloso de haber sido llamado maestro allá en Atltzayanca y Tequexquitla; ahora cualquier individuo sin licenciatura es maestro ante los ojos de otros.
Pero entonces, ya acabado mi periodo talleril, ¿Qué voy a hacer para solventar la horrible (según los analistas financieros) cuesta de Enero?
¿Alguien, de los que no se ofenden, me puede sugerir algo para sacar una lana?
Se los agradeceré mucho.
Monday, November 26, 2007
cada mes...
... suceden demasiadas cosas. cada noche recapitulo lo que hice durante el día. Y cada madrugada de sorprende retorciéndome en la cama.
Cada nuevo amanecer se lleva centenares de letras diseminadas alrededor de mi cama, cosas que no acabé de armar en un texto coherente.
Hay tanto, ha pasado tanto.
En fin.
Creo que hasta ahora no he dicho que llevo tres meses trabajando los fines de semana en Altzayanca y Tequexquitla.
Tampoco he dicho que en ese lapso he conocido varias técnicas de pintura, fotografía, vidrio fundido, encuadernado, decorado de cerámica, y hasta engarzado de joyas.
Todo eso y mucho más he aprendido.
He coordinado talleres de fotografía, de pintura, de artes aplicadas, de literatura, un cine club, he sido jurado de por lo menos cinco concursos internos de nuestros talleres, he visitado veinte comunidades pobres, he conocido a señoras de veintitrés años que parecen de cuarenta, he conocido niños con talentos sorprendentes.
He armado una biznaga de barro cocido con pequeños mosaicos, he encuadernado libretas, estoy diseñando un fanzine que se llamará El Salitre, he corregido tres cuentos que se fueron a un concurso nacional cuyo premio es de cien mil pesos.
He pintado en una tarde en una técnica llamada "empanizado", varios cuadros.
Y además, en las próximas dos semanas voy a aprender serigrafía, vitral tífanny, decorado de cestería, grabado, empastado alemán...
UFF!!
Y todo esto, campechaneando el dinero, que las más de las veces no son más de trescientos pesos semanales.
Y lo que falta por hacer en tan solo mes y días para que se acabe este año.
Cada nuevo amanecer se lleva centenares de letras diseminadas alrededor de mi cama, cosas que no acabé de armar en un texto coherente.
Hay tanto, ha pasado tanto.
En fin.
Creo que hasta ahora no he dicho que llevo tres meses trabajando los fines de semana en Altzayanca y Tequexquitla.
Tampoco he dicho que en ese lapso he conocido varias técnicas de pintura, fotografía, vidrio fundido, encuadernado, decorado de cerámica, y hasta engarzado de joyas.
Todo eso y mucho más he aprendido.
He coordinado talleres de fotografía, de pintura, de artes aplicadas, de literatura, un cine club, he sido jurado de por lo menos cinco concursos internos de nuestros talleres, he visitado veinte comunidades pobres, he conocido a señoras de veintitrés años que parecen de cuarenta, he conocido niños con talentos sorprendentes.
He armado una biznaga de barro cocido con pequeños mosaicos, he encuadernado libretas, estoy diseñando un fanzine que se llamará El Salitre, he corregido tres cuentos que se fueron a un concurso nacional cuyo premio es de cien mil pesos.
He pintado en una tarde en una técnica llamada "empanizado", varios cuadros.
Y además, en las próximas dos semanas voy a aprender serigrafía, vitral tífanny, decorado de cestería, grabado, empastado alemán...
UFF!!
Y todo esto, campechaneando el dinero, que las más de las veces no son más de trescientos pesos semanales.
Y lo que falta por hacer en tan solo mes y días para que se acabe este año.
Thursday, October 04, 2007
Animales de costumbres
¿Qué es lo que no se olvida?
¿Hacer una marcha tradicionalizada?
¿Los motivos ya obnubilados por el paso de 39 años?
¿Jugar al gran contestatario pintando un símbolo que hace mucho no significa nada?
¿Ensalzar el recuerdo torcido por diferentes versiones y mangoneado por diversas ideologías?
El dos de octubre de 1968 es el caballito de batalla de quienes hacen del desacuerdo una bandera. Todos lo hemos hecho. Como decía, es ya una tradición. Pero precisamente por haberse convertido en eso, se ha vuelto superficial, pachanguero, pasarélico. El que siendo joven y contestatario no participa en la marcha es que está a medias. No es digno de llamarse ser social pensante. No ha pasado por el evento iniciático de enfrentarse cara a cara con un policía que a estas alturas, ya sonríe con sorna porque él, en algún momento también estuvo de ese lado, pero la necesidad de lo cotidiano lo hizo situarse del otro bando.
Por eso cada año vemos caras nuevas gritando frases viejas. Cada año el desfile de playeras con el Che, con la A, con logos de izquierda. Cada año lo mismo y cada año algo nuevo. Las mismas protestas, las mismas quejas de los negocios grafiteados sin razón, las mismas denuncias de los medios de comunicación, las mismas promesas de los encargados del poder. ¿Y luego qué?
Los discursos siempre han sido el recurso más rimbombante, el más aparatoso y también el más seguro. Y de muchos años a la fecha, el dos de octubre es un discurso cada vez más monolítico sin posibilidad de modificación.
Sí, ya sabemos que el gobierno fue y es un gandalla, un cínico, un verdadero culero. Si, ya sabemos quienes fueron los autores intelectuales. Si, ya sabemos que para bien o para mal, la historia cobrará las respectivas facturas. Si, también sabemos que todos los años se promete justicia. Si, eso y más, ya sabemos demasiado del tema. (Con excepción de los que, por pura inexperiencia, saben todo al revés).
Pero lo que no sabemos es cómo hacer efectiva la protesta, como transformar el rito, cómo beneficiarnos de lo que sea que hayan logrado con su muerte aquellos miles de personas en Tlatelolco. No sabemos aún dejar de lado el discurso y pasar a los hechos. No sabemos quitarnos el miedo atávico al verdadero cambio.
Porque a treinta y nueve años ya deberíamos haber superado la costumbre de salir, gritar, protestar vanamente y después regresar a casa, sentarnos a presenciar cómo impunemente nos endilgan día tras día, con sonrisas perversas, alzas de precios, leyes estúpidas, injusticias, desigualdades sociales. Y todo, con la complacencia inerte de quien cree que discurseando ya hizo su parte.
Como un servidor, que acabando este discurso, seguramente me iré a acostar porque mañana, la inevitable chamba me hará bajar la mirada y dejaré que otros se beneficien con mi trabajo.
No lo olviden.
Aunque con estas circunstancias, la mayoría prefiera olvidarse de todo y dedicarse a vivir su vida, que la de los demás, que se las arreglen como puedan.
¿Si o no?
¿Hacer una marcha tradicionalizada?
¿Los motivos ya obnubilados por el paso de 39 años?
¿Jugar al gran contestatario pintando un símbolo que hace mucho no significa nada?
¿Ensalzar el recuerdo torcido por diferentes versiones y mangoneado por diversas ideologías?
El dos de octubre de 1968 es el caballito de batalla de quienes hacen del desacuerdo una bandera. Todos lo hemos hecho. Como decía, es ya una tradición. Pero precisamente por haberse convertido en eso, se ha vuelto superficial, pachanguero, pasarélico. El que siendo joven y contestatario no participa en la marcha es que está a medias. No es digno de llamarse ser social pensante. No ha pasado por el evento iniciático de enfrentarse cara a cara con un policía que a estas alturas, ya sonríe con sorna porque él, en algún momento también estuvo de ese lado, pero la necesidad de lo cotidiano lo hizo situarse del otro bando.
Por eso cada año vemos caras nuevas gritando frases viejas. Cada año el desfile de playeras con el Che, con la A, con logos de izquierda. Cada año lo mismo y cada año algo nuevo. Las mismas protestas, las mismas quejas de los negocios grafiteados sin razón, las mismas denuncias de los medios de comunicación, las mismas promesas de los encargados del poder. ¿Y luego qué?
Los discursos siempre han sido el recurso más rimbombante, el más aparatoso y también el más seguro. Y de muchos años a la fecha, el dos de octubre es un discurso cada vez más monolítico sin posibilidad de modificación.
Sí, ya sabemos que el gobierno fue y es un gandalla, un cínico, un verdadero culero. Si, ya sabemos quienes fueron los autores intelectuales. Si, ya sabemos que para bien o para mal, la historia cobrará las respectivas facturas. Si, también sabemos que todos los años se promete justicia. Si, eso y más, ya sabemos demasiado del tema. (Con excepción de los que, por pura inexperiencia, saben todo al revés).
Pero lo que no sabemos es cómo hacer efectiva la protesta, como transformar el rito, cómo beneficiarnos de lo que sea que hayan logrado con su muerte aquellos miles de personas en Tlatelolco. No sabemos aún dejar de lado el discurso y pasar a los hechos. No sabemos quitarnos el miedo atávico al verdadero cambio.
Porque a treinta y nueve años ya deberíamos haber superado la costumbre de salir, gritar, protestar vanamente y después regresar a casa, sentarnos a presenciar cómo impunemente nos endilgan día tras día, con sonrisas perversas, alzas de precios, leyes estúpidas, injusticias, desigualdades sociales. Y todo, con la complacencia inerte de quien cree que discurseando ya hizo su parte.
Como un servidor, que acabando este discurso, seguramente me iré a acostar porque mañana, la inevitable chamba me hará bajar la mirada y dejaré que otros se beneficien con mi trabajo.
No lo olviden.
Aunque con estas circunstancias, la mayoría prefiera olvidarse de todo y dedicarse a vivir su vida, que la de los demás, que se las arreglen como puedan.
¿Si o no?
Otra metida de pata
Pues ya que estamos con las metidas de pata, resulta que el lunes metí las dos, bajo la llanta delantera de un camión refresquero.
Lo que son las cosas, muchas veces había imaginado qué pasaría con la gente que es machucada de esa manera, si van al hospital con los pies aplanados, si andan en muletas o si aquello acaba con gangrena y amputación y todo eso; ya saben, me gusta el Death Gore.
Pues nada, que en lo que abrían la oficina donde se pagan los recibos de la luz, se me hizo fácil sentarme a esperar en la orilla de la banqueta. Un camión de refrescos (juro que no recuerdo la marca, pero me gustaría mencionarla nomás por publicitar un producto mexicano), se estacionó a unos seis metros de mí. El machetero se dedicó a descargar las botellas y mientras tanto yo me puse a charlar con alguna persona del pasado por el celular. Pasaron cosa de cuatro minutos, el ayudante trepó al camión y el chofer arrancó.
Uno espera que los conductores, cuando arrancan un vehículo, se separen de la orilla de la banqueta para poder maniobrar libremente por el camino, y eso esperé; pero cuando por el rabillo del ojo pude ver que aquello se me venía encima, hice para atrás el cuerpo y quise levantar los pies. Pero la pinche llanta ya estaba pasando por encima de ellos, como si fueran una rampita o uno de esos montoncitos de tierra que la gente deja abandonada después de barrer sus fachadas. Seguramente eso pensó aquel cabrón porque ni siquiera se asomaron a ver qué habían aplastado.
En el momento de pasar la llanta delantera pude levantar los pies y así la trasera ya no hizo lo suyo, que si no, dado que es la que lleva el peso pesado, de seguro sí me chinga.
Bueno. El camión se fue, la gente medio que se enteró pero no hizo nada, y yo ahí, de espaldas en la banqueta, con las piernas al aire como esperando algo sexual, y preguntándome si me habría pasado algo cabrón. Así que me enderecé lentamente, me levanté, apoyé los pies que me ardían, hice flexiones, moví los dedos, giré los tobillos, pisé con toda la planta y bendito lo que sea, no tenía nada quebrado. Miré a mi alrededor y les juro que la gente se hizo pendeja mirando a su vez para cualquier lado. Así es como reaccionamos cuando hay un asalto o un asesinato, un atropellamiento o cualquier cosa. “Mejor ni te metas” es la consigna. Fácil ¿no?
No había bronca, no era una desgracia en sí sino una suerte; de los males el menor.
Todavía esperé media hora a que llegara la señora de los recibos. Ni modo que me fuera a mi casa y regresara más tarde; era el último día de pago. Llegó por fin, otras personas se agandallaron mi lugar, y cuando me tocó el turno, expuse mi caso: Señora, fíjese que no me llegó mi recibo y vine a ver su de casualidad lo tenía. No, pues no. A ver, uno anterior. Es que no lo tengo. Entonces tráigame el número de su medidor. No sé cual es. Pa’ pronto, copie todos los números que vea y yo sabré cual es el del medidor.
Fui a la casa de a cojito, regresé con un papel de tres líneas de números, ella ubicó el bueno y me dijo que mañana regresara y que ella ya tendría el recibo. Es que mañana trabajo. Entonces vaya a pagar al cajero.
Otra vez de a cojito fui a la parada, bajé a las oficinas de la CFE, hice cola en el cajero, pagué, regresé a la parada, tomé mi combi y volví a casa.
Los vecinitos preguntaron: ¿Por qué caminas así? Me torcí el pie. ¿Y por qué no lo enderezas? (¿Y por qué no te vas a la chingada?) Claro que eso nomás lo pensé. Subí a mi casa, recordé que Ángela me pidió que enjuagara la ropa porque si se queda en la lavadora se apesta, así que la enjuagué, la subí a la azotea, la tendí y bajé a encender el boiler para llenar una bandeja con agua caliente y sal y meter los pies y ya no volver a levantarme de la cama.
Recibí un mensaje: mándame los expedientes secretos X de Tequexquitla, por mail. Los llevé (siempre de a cojito, cada vez con más dolores), charlé un poco por el Messenger con Zamiasa, y fui a meterme a la cama.
Pero por la noche alguien tocó a mi puerta y al bajar el pie, el tamal que llegó al suelo protestó con un dolor cabrón. Como pude me deslicé a la ventana, grité al patio y le pedí a la visita que cachara mis llaves y que se metiera porque yo hasta la puerta no llegaba.
De ahí en adelante, con gran altruismo, Ángela se ha encargado de traerme el desayuno, comida y cena. Los cuates me han hablado por teléfono, una me visitó y ya hasta me han hablado para ofrecerme trabajo, justo ahora que todavía no puedo pisar firme.¿Qué cosas no?
Lo que son las cosas, muchas veces había imaginado qué pasaría con la gente que es machucada de esa manera, si van al hospital con los pies aplanados, si andan en muletas o si aquello acaba con gangrena y amputación y todo eso; ya saben, me gusta el Death Gore.
Pues nada, que en lo que abrían la oficina donde se pagan los recibos de la luz, se me hizo fácil sentarme a esperar en la orilla de la banqueta. Un camión de refrescos (juro que no recuerdo la marca, pero me gustaría mencionarla nomás por publicitar un producto mexicano), se estacionó a unos seis metros de mí. El machetero se dedicó a descargar las botellas y mientras tanto yo me puse a charlar con alguna persona del pasado por el celular. Pasaron cosa de cuatro minutos, el ayudante trepó al camión y el chofer arrancó.
Uno espera que los conductores, cuando arrancan un vehículo, se separen de la orilla de la banqueta para poder maniobrar libremente por el camino, y eso esperé; pero cuando por el rabillo del ojo pude ver que aquello se me venía encima, hice para atrás el cuerpo y quise levantar los pies. Pero la pinche llanta ya estaba pasando por encima de ellos, como si fueran una rampita o uno de esos montoncitos de tierra que la gente deja abandonada después de barrer sus fachadas. Seguramente eso pensó aquel cabrón porque ni siquiera se asomaron a ver qué habían aplastado.
En el momento de pasar la llanta delantera pude levantar los pies y así la trasera ya no hizo lo suyo, que si no, dado que es la que lleva el peso pesado, de seguro sí me chinga.
Bueno. El camión se fue, la gente medio que se enteró pero no hizo nada, y yo ahí, de espaldas en la banqueta, con las piernas al aire como esperando algo sexual, y preguntándome si me habría pasado algo cabrón. Así que me enderecé lentamente, me levanté, apoyé los pies que me ardían, hice flexiones, moví los dedos, giré los tobillos, pisé con toda la planta y bendito lo que sea, no tenía nada quebrado. Miré a mi alrededor y les juro que la gente se hizo pendeja mirando a su vez para cualquier lado. Así es como reaccionamos cuando hay un asalto o un asesinato, un atropellamiento o cualquier cosa. “Mejor ni te metas” es la consigna. Fácil ¿no?
No había bronca, no era una desgracia en sí sino una suerte; de los males el menor.
Todavía esperé media hora a que llegara la señora de los recibos. Ni modo que me fuera a mi casa y regresara más tarde; era el último día de pago. Llegó por fin, otras personas se agandallaron mi lugar, y cuando me tocó el turno, expuse mi caso: Señora, fíjese que no me llegó mi recibo y vine a ver su de casualidad lo tenía. No, pues no. A ver, uno anterior. Es que no lo tengo. Entonces tráigame el número de su medidor. No sé cual es. Pa’ pronto, copie todos los números que vea y yo sabré cual es el del medidor.
Fui a la casa de a cojito, regresé con un papel de tres líneas de números, ella ubicó el bueno y me dijo que mañana regresara y que ella ya tendría el recibo. Es que mañana trabajo. Entonces vaya a pagar al cajero.
Otra vez de a cojito fui a la parada, bajé a las oficinas de la CFE, hice cola en el cajero, pagué, regresé a la parada, tomé mi combi y volví a casa.
Los vecinitos preguntaron: ¿Por qué caminas así? Me torcí el pie. ¿Y por qué no lo enderezas? (¿Y por qué no te vas a la chingada?) Claro que eso nomás lo pensé. Subí a mi casa, recordé que Ángela me pidió que enjuagara la ropa porque si se queda en la lavadora se apesta, así que la enjuagué, la subí a la azotea, la tendí y bajé a encender el boiler para llenar una bandeja con agua caliente y sal y meter los pies y ya no volver a levantarme de la cama.
Recibí un mensaje: mándame los expedientes secretos X de Tequexquitla, por mail. Los llevé (siempre de a cojito, cada vez con más dolores), charlé un poco por el Messenger con Zamiasa, y fui a meterme a la cama.
Pero por la noche alguien tocó a mi puerta y al bajar el pie, el tamal que llegó al suelo protestó con un dolor cabrón. Como pude me deslicé a la ventana, grité al patio y le pedí a la visita que cachara mis llaves y que se metiera porque yo hasta la puerta no llegaba.
De ahí en adelante, con gran altruismo, Ángela se ha encargado de traerme el desayuno, comida y cena. Los cuates me han hablado por teléfono, una me visitó y ya hasta me han hablado para ofrecerme trabajo, justo ahora que todavía no puedo pisar firme.¿Qué cosas no?
Monday, September 24, 2007
la muerte no es la misma
Digan lo que digan los filósofos de bolsillo, la muerte no nos empareja, no por lo menos en el plano de los vivos.
Sunday, September 16, 2007
¡Independientes!
Ayer celebramos nuestra gran independencia (a lo que sea) comiendo pizzas y hot dogs, bebiendo coca cola mientras entonàbamos rolas de lo mejor del Pop en inglés. Dimos el grito sonriendo a la cámara musitando un whisky!
Recorrimos los puestos de piratería china y a través de nuestros sombreros forrados de fieltro importado, presenciamos ellamentable discurso oficial con la eterna cantaleta de los héroes que nos dieron patria y libertad.
Recorrimos los puestos de piratería china y a través de nuestros sombreros forrados de fieltro importado, presenciamos ellamentable discurso oficial con la eterna cantaleta de los héroes que nos dieron patria y libertad.
Friday, September 14, 2007
La vocación del ambulante
Sólo basta que la situación se presente para que comiencen a germinar cual hongos, los vendedores de souvenirs allí donde menos te lo esperas.
Basta que una calle cualquiera muestre cierta desigualdad para que en un huequito aparezca de pronto una vendedora de tamales o chalupas. Basta que una banqueta esté un poco más ancha que las otras para que un puesto de mallas cuadriculadas se ensamble de pronto y exhiba desde discos y pelis piratas hasta cinturones, gorras, bolsos y chucherías de esa ralea.
Es más, basta que una carretera ofrezca una dosis adecuada de topes ("reductores de velocidad", se lee en algunos señalamientos carreteros), para que ahí mismo te ofrezcan gorras, accesorios para auto, piñatas, por la vía corta a Puebla vemos piñatas, voceadores, fruta de temporada, sidras apiladas en los camellonos, papalotes (a la altura de Papalotla, ¿dónde más?), talavera y otras cosas propias de la zona.
Pero lo que me lleva a escribir esto es la cantidad francamente pintoresca de los que ahora han asaltado ese pequeño tramo que viene desde el seminario de la Y Griega hasta poco antes de San Matías. Ahí, a distintas horas es posible encontrar tamales y jugos de naranja, duraznos, tunas peladas con todo y su bolsita de chile piquín, dulces, cacahuates y garapiñados, tortas preparadas, refrescos en lata que toman de una tina con hielos al costado de la carretera, franelas, entre otras linduras. Ya hay por lo menos dos vendedores de bon ice, vamos, que hasta un supermán de hule ya vi por ahí. Luego está el detalle que los vendedores tienen sus camionetas por ahí estacionadas para surtirse, y en caso de fatiga, ir a sentarse, hechar taco carretero y cotorrear el punto a la sombra de una lona azul. Me quedé con ganas de ver si por ahí oculto andaba un Sanirent.
Pero ¿saben que es lo que más me llama la atención?
Uno como sea ya ubica a los ambulantes por una indefinible fisonomía. Como que son morenos, con aire de curtidos por el sol, como una característica indumentaria, en fin ustedes entienden. Lo que he visto últimamente es a chicas con pinta más de estudiantes en día de pinta que de chavas trabajando por el sustento. Bonitas viceras, deditos lindos, boquitas pintadas y gestitos de no soportar el calor pelante, vendiendo accesorios para celulares, peluchitos, cuadros de esos de marco rústico y barniz espeso.
Ante esas, no me extrañará ver dentro de poco, y ante la tardanza de la obra, unos locales como dios manda, para que uno pase como en el super: revisando las etiquetas y eligiendo que comprar al vendedor en turno.
Lo que si me extraña es no ver a cierto amigo, excelente contador de historias, ejerciendo su otro oficio de vendedor de cuadros en carretera.
Saludos amigo!!!
Ah, para todos ustedes: la próxima vez que andemos por esos rumbos, si llegamos a coincidir, ¡yo invito las tunas con chilito piquín!
Basta que una calle cualquiera muestre cierta desigualdad para que en un huequito aparezca de pronto una vendedora de tamales o chalupas. Basta que una banqueta esté un poco más ancha que las otras para que un puesto de mallas cuadriculadas se ensamble de pronto y exhiba desde discos y pelis piratas hasta cinturones, gorras, bolsos y chucherías de esa ralea.
Es más, basta que una carretera ofrezca una dosis adecuada de topes ("reductores de velocidad", se lee en algunos señalamientos carreteros), para que ahí mismo te ofrezcan gorras, accesorios para auto, piñatas, por la vía corta a Puebla vemos piñatas, voceadores, fruta de temporada, sidras apiladas en los camellonos, papalotes (a la altura de Papalotla, ¿dónde más?), talavera y otras cosas propias de la zona.
Pero lo que me lleva a escribir esto es la cantidad francamente pintoresca de los que ahora han asaltado ese pequeño tramo que viene desde el seminario de la Y Griega hasta poco antes de San Matías. Ahí, a distintas horas es posible encontrar tamales y jugos de naranja, duraznos, tunas peladas con todo y su bolsita de chile piquín, dulces, cacahuates y garapiñados, tortas preparadas, refrescos en lata que toman de una tina con hielos al costado de la carretera, franelas, entre otras linduras. Ya hay por lo menos dos vendedores de bon ice, vamos, que hasta un supermán de hule ya vi por ahí. Luego está el detalle que los vendedores tienen sus camionetas por ahí estacionadas para surtirse, y en caso de fatiga, ir a sentarse, hechar taco carretero y cotorrear el punto a la sombra de una lona azul. Me quedé con ganas de ver si por ahí oculto andaba un Sanirent.
Pero ¿saben que es lo que más me llama la atención?
Uno como sea ya ubica a los ambulantes por una indefinible fisonomía. Como que son morenos, con aire de curtidos por el sol, como una característica indumentaria, en fin ustedes entienden. Lo que he visto últimamente es a chicas con pinta más de estudiantes en día de pinta que de chavas trabajando por el sustento. Bonitas viceras, deditos lindos, boquitas pintadas y gestitos de no soportar el calor pelante, vendiendo accesorios para celulares, peluchitos, cuadros de esos de marco rústico y barniz espeso.
Ante esas, no me extrañará ver dentro de poco, y ante la tardanza de la obra, unos locales como dios manda, para que uno pase como en el super: revisando las etiquetas y eligiendo que comprar al vendedor en turno.
Lo que si me extraña es no ver a cierto amigo, excelente contador de historias, ejerciendo su otro oficio de vendedor de cuadros en carretera.
Saludos amigo!!!
Ah, para todos ustedes: la próxima vez que andemos por esos rumbos, si llegamos a coincidir, ¡yo invito las tunas con chilito piquín!
Me caí de la azotea en que andaba
Iba a poner "...de la nube..." Pero eso ya me sonaba a cursilería no propia para narrar un suceso absolutamente trivial pero que me dejó con una sensación curiosísima.
Y es que a mis treinta años, el caer de esa manera, cual mocosito de preescolar, no era para menos que reírme de mí mismo además de lo que lo harían quienes me hubieran visto.
Adjunto al suceso, ya venían sumándose otras caídas más alegóricas, como la caída de mi cabello hace cosa de dos meses, la caída de mis playeras negras ante un bárbaro sol despellejante, o la caída de mis hombros ante el embate de mis deudas. En fin.
Pero de lo que se trata es de contar que hace unos días, mientras preparaba el desayuno, escuché al gasero vociferar desde la calle, y para evitar que se me fuera a escapar, bajé corriendo las escaleras de mi casa, driblé el coche del vecino, y de repente, sin saber exactamente como, mi zapato derecho se quedó atorado en una rendija de la loseta, y caí como caería una canoa, hasta dobladito hacia atrás. Sentí el golpe de mis rodillas, de la panza, de mi codo izquierdo y la palma de la mano derecha untándose en el cemento.
Naturalmente solté la risa ¿qué más podía hacer? Bueno, levantarme. Pero la risa no duró mucho, de lo que me sentía adolorido era del estómago. Así que lo más contundido fue mi estómago. Vaya, pensé, como niño.
Así que, nuevamente, haciendo como que no pasaba nada, sin voltear a ningún lado, y rogando porque nadie más hubiera presenciado el ranazo, fui a comprar mi tanque y a colocarlo para, después del baño, seguir cayendo en esta dinámica de caídas y claudicaciones.
ya diré más sobre eso que tenga mayor relevancia; mientras tanto, aún me sigo sobando la panza. Je je je.
Y es que a mis treinta años, el caer de esa manera, cual mocosito de preescolar, no era para menos que reírme de mí mismo además de lo que lo harían quienes me hubieran visto.
Adjunto al suceso, ya venían sumándose otras caídas más alegóricas, como la caída de mi cabello hace cosa de dos meses, la caída de mis playeras negras ante un bárbaro sol despellejante, o la caída de mis hombros ante el embate de mis deudas. En fin.
Pero de lo que se trata es de contar que hace unos días, mientras preparaba el desayuno, escuché al gasero vociferar desde la calle, y para evitar que se me fuera a escapar, bajé corriendo las escaleras de mi casa, driblé el coche del vecino, y de repente, sin saber exactamente como, mi zapato derecho se quedó atorado en una rendija de la loseta, y caí como caería una canoa, hasta dobladito hacia atrás. Sentí el golpe de mis rodillas, de la panza, de mi codo izquierdo y la palma de la mano derecha untándose en el cemento.
Naturalmente solté la risa ¿qué más podía hacer? Bueno, levantarme. Pero la risa no duró mucho, de lo que me sentía adolorido era del estómago. Así que lo más contundido fue mi estómago. Vaya, pensé, como niño.
Así que, nuevamente, haciendo como que no pasaba nada, sin voltear a ningún lado, y rogando porque nadie más hubiera presenciado el ranazo, fui a comprar mi tanque y a colocarlo para, después del baño, seguir cayendo en esta dinámica de caídas y claudicaciones.
ya diré más sobre eso que tenga mayor relevancia; mientras tanto, aún me sigo sobando la panza. Je je je.
Tuesday, August 21, 2007
De Morelos a Tlaxcala
Llegaron seis poetas, de los cuales, como es de esperarse, hubo buenas críticas y una serie de trabajos disímbolos.
Digamos que por parte de ellos no hubo mayor problema y menor sorpresa. No puedo decir lo mismo por parte de los escritores tlaxcaltecas, los que brillaron por su ausencia en un evento que puede dejar ver, a ojos externos, lo mal organizados que estamos, a pesar de las ínfulas de Enrique.
Se dejaron ver varias cosas, como la nula convocatoria que hubo, la falta de compromiso de los que a su vez y en su momento, irán a poner en evidencia las letras tlaxcaltecas. Un ejemplo: Uno de los visitantes, después de las presentaciones, preguntó si éramos nosotros los que iríamos a Cuernavaca en octubre. Enrique respondió que no, que ninguno de los que estábamos presentes era el elegido, que los que estaban programados no habían llegado. Al día siguiente tampoco estuvieron, excepto Efrén, por un momento en el taller matutino, y Perla Karina y Yassir por la tarde. de ahí, los demás brillaron por su ausencia.
Y ya que hablo de ausencias, la más perjudicial fue la ausencia de publicidad al respecto. A estas alturas no basta un correo electrónico enviado la tarde anterior a una raquítica lista de receptores, de los cuales un diminuto porcentaje hizo eco.
el resto de las cosas que vi, como me hacen encabronar, mejor dejo que se asienten y luego las consigno.
saludos a todos.
Digamos que por parte de ellos no hubo mayor problema y menor sorpresa. No puedo decir lo mismo por parte de los escritores tlaxcaltecas, los que brillaron por su ausencia en un evento que puede dejar ver, a ojos externos, lo mal organizados que estamos, a pesar de las ínfulas de Enrique.
Se dejaron ver varias cosas, como la nula convocatoria que hubo, la falta de compromiso de los que a su vez y en su momento, irán a poner en evidencia las letras tlaxcaltecas. Un ejemplo: Uno de los visitantes, después de las presentaciones, preguntó si éramos nosotros los que iríamos a Cuernavaca en octubre. Enrique respondió que no, que ninguno de los que estábamos presentes era el elegido, que los que estaban programados no habían llegado. Al día siguiente tampoco estuvieron, excepto Efrén, por un momento en el taller matutino, y Perla Karina y Yassir por la tarde. de ahí, los demás brillaron por su ausencia.
Y ya que hablo de ausencias, la más perjudicial fue la ausencia de publicidad al respecto. A estas alturas no basta un correo electrónico enviado la tarde anterior a una raquítica lista de receptores, de los cuales un diminuto porcentaje hizo eco.
el resto de las cosas que vi, como me hacen encabronar, mejor dejo que se asienten y luego las consigno.
saludos a todos.
Thursday, August 09, 2007
El rock en Tlaxcala
¿Qué es esa cosa mimética que a cada uno de los implicados concierne de muy distintas maneras?
Hace años pensaba constantemente sobre quién podría ostentarse con mayor certeza como roquero: aquel que en las calles hacía de ese maldito ritmo su modo de responder a las miradas de suspicacia que la gente le dedicaba, o aquel que, con la vida más ligera, podía comprar puntualmente los discos más recientes de los diversos subgéneros que conforman el rock.
De igual manera, escuchaba a aquellos que, haciendo caso a sus pasiones se ostentaban como más gruesos que el de junto en materia rocanrolera, al tiempo que demeritaban a otros con menor convicción o menores aventuras.
Pensaba si el roquero era aquel compañero de clases de tercero de primaria, miembro de una pandilla de barrio, o aquel que, siempre las manos en las bolsas, regresaba a sentarse junto a su padre a escuchar con tranquilidad discos de The Beatles y el resto de la ola inglesa.
Quien que haciendo gala de medios, organizaba tocadas, o aquel que, enarbolando nihilismo, se madreaba a todo aquel que no llevara facha punk.
El roquero en tlaxcala está en todos lados: en la tocada, en su cuarto, en su oficina, en una cabina de radio, en la tienda de discos, en un cuarto de ensayo, en una banqueta llegándole a la chela o al chemo. en el salón de clases y el aula universitaria, en una redacción de revista literaria underground o en el baño hojeando una reva porno.
Metido en las maquinitas o en la fábrica. Dentro de una botarga, de un traje o de un uniforme.
está en las nubes o cultivando su intelecto. Tomando capuccinos o pulque.
Está en cualquier lado, repito...
excepto en un libro de reciente aparición llamado: El rock en Tlaxcala.
Hace años pensaba constantemente sobre quién podría ostentarse con mayor certeza como roquero: aquel que en las calles hacía de ese maldito ritmo su modo de responder a las miradas de suspicacia que la gente le dedicaba, o aquel que, con la vida más ligera, podía comprar puntualmente los discos más recientes de los diversos subgéneros que conforman el rock.
De igual manera, escuchaba a aquellos que, haciendo caso a sus pasiones se ostentaban como más gruesos que el de junto en materia rocanrolera, al tiempo que demeritaban a otros con menor convicción o menores aventuras.
Pensaba si el roquero era aquel compañero de clases de tercero de primaria, miembro de una pandilla de barrio, o aquel que, siempre las manos en las bolsas, regresaba a sentarse junto a su padre a escuchar con tranquilidad discos de The Beatles y el resto de la ola inglesa.
Quien que haciendo gala de medios, organizaba tocadas, o aquel que, enarbolando nihilismo, se madreaba a todo aquel que no llevara facha punk.
El roquero en tlaxcala está en todos lados: en la tocada, en su cuarto, en su oficina, en una cabina de radio, en la tienda de discos, en un cuarto de ensayo, en una banqueta llegándole a la chela o al chemo. en el salón de clases y el aula universitaria, en una redacción de revista literaria underground o en el baño hojeando una reva porno.
Metido en las maquinitas o en la fábrica. Dentro de una botarga, de un traje o de un uniforme.
está en las nubes o cultivando su intelecto. Tomando capuccinos o pulque.
Está en cualquier lado, repito...
excepto en un libro de reciente aparición llamado: El rock en Tlaxcala.
Tuesday, July 31, 2007
A falta de un libro completo...
... acabo de recibir un paquete de libros que tardó siete años en ver la luz.
Este es una antología de narradores de la zona centro del país. Participan los estados de Puebla, Estado de México, Df, Oaxaca, Hidalgo y Tlaxcala. En Tlaxcala hicieron una convocatoria en el 2000 para este mismo, y resultamos elegidos yassir Zárate, Alan Cervantes y un servidor. Pero a medida que pasaban los años yo creí que ya se había ido al carajo la edición hasta que, hace unas semanas, me enteré que siempre sí, que el libro ya estaba en las oficinas de ITC, así que fuí y efectivamente, en una edición respetable, ya estaba "Fuego Cruzado", que es el título de la antología, donde entre otros aparecen BEF, Socorro Venegas, Arcenia Soriano, los mencionados Alan y Yassir y otros que en este momento no recuerdo.
El cuento mío que ahí aparece es "Caminito de la escuela" que previamente fue publicado en "Mi corazón es el pie derecho de un animal".
A estas alturas, debe haber algunos que ya no sientan tanta emoción; pero a mi sí, me tranquiliza y me hace concebir nuevas esperanzas de que mi libro será publicado...
... espero que no siete años después.
Este es una antología de narradores de la zona centro del país. Participan los estados de Puebla, Estado de México, Df, Oaxaca, Hidalgo y Tlaxcala. En Tlaxcala hicieron una convocatoria en el 2000 para este mismo, y resultamos elegidos yassir Zárate, Alan Cervantes y un servidor. Pero a medida que pasaban los años yo creí que ya se había ido al carajo la edición hasta que, hace unas semanas, me enteré que siempre sí, que el libro ya estaba en las oficinas de ITC, así que fuí y efectivamente, en una edición respetable, ya estaba "Fuego Cruzado", que es el título de la antología, donde entre otros aparecen BEF, Socorro Venegas, Arcenia Soriano, los mencionados Alan y Yassir y otros que en este momento no recuerdo.
El cuento mío que ahí aparece es "Caminito de la escuela" que previamente fue publicado en "Mi corazón es el pie derecho de un animal".
A estas alturas, debe haber algunos que ya no sientan tanta emoción; pero a mi sí, me tranquiliza y me hace concebir nuevas esperanzas de que mi libro será publicado...
... espero que no siete años después.
Monday, July 16, 2007
Aquí, porque no en otro mejor lado
Y heme aquí, recogiendo migajas, mientras me invento una vida parásita a base de cursitos pendejos en los que me engaño y engaño a otros creyendo que aportamos algo; mientras "las bases duras han alcanzado otro nivel al cual uno nunca será capaz de acceder".
Aquí temiendo a cada instante que mi otro yo descubra el desfalco del que lo he hecho víctima. Suponiendo que, de una u otra manera, algo llegará misericordiosamente a paliar la ausencia del objetivo concreto.
Aquí mirando pasar veladas oportunidades de insertarse a la marea roja que a todos salpimenta y moldea para evitar el sufrimiento existencial.
Aquí, usurpando lugares como quien se sienta en un triciclo creyendo que nadie notará que ha dejado de ser niño.
Aquí, donde cada usuario de estos aparatos navega con fluidez en busca del sucedáneo eficaz para convencerse y convencer a otros de que estamos en el nivel adecuado, mientras allá, en cada casa, la miseria aguarda sin prisas.
Aquí, donde cada acto de asomarse a la ventana confronta los datos alegres que la televisión insiste en diseminar.
Aquí, donde la alegría es más forzada a medida que los escasos motivos de euforia se desinflan; como los equipos de fútbol, como la eterna espera de una justicia equitativa, como la esperanza de que ahora sí, que ya es justo, que se acerca el día en que todo cambie, con que la oportunidad y con que el cambio y con que las hilachas de millones de almas que a cada arrastrar se deja las hebras atoradas en las carreteras mal planeadas y los agujeros que se tragan ciudades enteras mientras por aquí y por allá corren frases rimbombantes.
Aquí, donde cada minuto que pasa, se incrementa mi angustia porque, para colmo, cada uno de esos minutos me costará 10 centavos que multiplicados por media hora no estaré en condiciones de pagar.
Aquí queda pues mi tristeza sin digerir, atorada en mis amígdalas inflamadas desde hace cuatro años y que dieron al traste con mi aguda voz de heavymetalero con siempre frustradas ganas de pararse en un escenario y salpicar de saliva sin cerveza un micrófono cualquiera.
aquí entonces, gritando en silencio porque ya me averguenza proferir el grito que en años anteriores podía verse como ansiedad rebelde y ahora como simple chifladura.
aquí, porque no en otro mejor lado.
Aquí temiendo a cada instante que mi otro yo descubra el desfalco del que lo he hecho víctima. Suponiendo que, de una u otra manera, algo llegará misericordiosamente a paliar la ausencia del objetivo concreto.
Aquí mirando pasar veladas oportunidades de insertarse a la marea roja que a todos salpimenta y moldea para evitar el sufrimiento existencial.
Aquí, usurpando lugares como quien se sienta en un triciclo creyendo que nadie notará que ha dejado de ser niño.
Aquí, donde cada usuario de estos aparatos navega con fluidez en busca del sucedáneo eficaz para convencerse y convencer a otros de que estamos en el nivel adecuado, mientras allá, en cada casa, la miseria aguarda sin prisas.
Aquí, donde cada acto de asomarse a la ventana confronta los datos alegres que la televisión insiste en diseminar.
Aquí, donde la alegría es más forzada a medida que los escasos motivos de euforia se desinflan; como los equipos de fútbol, como la eterna espera de una justicia equitativa, como la esperanza de que ahora sí, que ya es justo, que se acerca el día en que todo cambie, con que la oportunidad y con que el cambio y con que las hilachas de millones de almas que a cada arrastrar se deja las hebras atoradas en las carreteras mal planeadas y los agujeros que se tragan ciudades enteras mientras por aquí y por allá corren frases rimbombantes.
Aquí, donde cada minuto que pasa, se incrementa mi angustia porque, para colmo, cada uno de esos minutos me costará 10 centavos que multiplicados por media hora no estaré en condiciones de pagar.
Aquí queda pues mi tristeza sin digerir, atorada en mis amígdalas inflamadas desde hace cuatro años y que dieron al traste con mi aguda voz de heavymetalero con siempre frustradas ganas de pararse en un escenario y salpicar de saliva sin cerveza un micrófono cualquiera.
aquí entonces, gritando en silencio porque ya me averguenza proferir el grito que en años anteriores podía verse como ansiedad rebelde y ahora como simple chifladura.
aquí, porque no en otro mejor lado.
Tuesday, July 10, 2007
De acosadores y otros fantasmas
Se me volvió a aparecer un sujeto que desde hace años es motivo de una ambivalente sensación de inquietud.
Este muchacho en su no muy lejana niñez era un cerebrito capaz de resolver complicadas ecuaciones a puro golpe de ceja. Incluso en la secundaria estuvo becado, y hasta donde alcanzo, en la prepa recibió un estímulo para saltar antes de tiempo a una universidad como prominente matemático.
Pero algo pasó en el camino que hizo que aquel se desentendiera de casi todo lo que es vital socialmente. Reprobó materias, se peleó con sus padres, lo expulsaron de la escuela, se metió al ejército, luego trabajó en alguna tienda como despachador y a poco lo corrieron porque simplemente su talla, expresión y tono de voz asustaban a la clientela.
No ha vuelto a hacer nada de provecho después de eso.
Cuando un servidor trabajaba como asistente de Centros Interactivos, aquel muchacho se aparecía casi a diario para descargar imágenes de ánime, principalmente Robotech, que en realidad otro era su nombre pero justo ahora no lo recuerdo; y princess Mononoke. No había otra cosa para él. Incluso se hizo el propósito de aprender japonés para entender los diálogos y canciones de aquellas series.
Después se olvidó por completo de aquella obsesión enfermiza jurando que nunca la había tenido.
Luego, cuando estuve en el ITJ, aquel se me aparecía por la oficina y de ahí no se retiraba se le dijera lo que se le dijera. A veces llegaba cantando canciones de Pedro Infante y no había nadie que lograra callarlo. Otras, decía que finalmente había descubierto el secreto de los cantantes de Death Metal y que él también podía cantar como perro.
Y lo hacía, para susto de los otros visitantes.
Cuando tuve el local en pleno centro de Tlaxcala, este hombre llegaba desde temprano y se pasaba hora tras hora balbuceando incoherencias sobre que ya tenía descifrado el pensamiento de Nietzche, o que en realidad Dios era una ecuación mal formulada y que por eso no había nadie aún visto su rostro; o que a veces los hombres... en fin, cuanta cosa retorcida e inconexa le pasara por la mente. De nada servía que le dijera que se callara, que entablara conversaciones coherentes, que no dejara el sudor de sus enormes palmas en el vidrio del mostrador, que se sentara y no obstruyera la puerta a los clientes. Le llegué a gritar, a regañar, a mentarle la madre, a amenazarlo con llamar a uno de esos policías que a cada rato pasaban por la zona para que se lo llevaran por acosador. Nada funcionaba.
Una vez, harto de tenerlo ahí, porque aparte llegaba de plano astroso. Ropa y tenis sucios, cabello con grandes cantidades de escamas, voz estentorea y aguardentosa, y lo más enojoso, con las axilas sudando y despidiendo un olor que hasta picaba en la nariz. A pesar de que le ofrecía desodorantes gratis nunca quería usarlos. Bueno, pues decía que una vez, ya en el colmo de la tolerancia, de plano le solté un puñetazo en plena cara, sentí su nariz hundirse bajo mis dedos y de inmediato la sangre brotar. Por un momento temí que me regresara el golpe. Él es alto, fornido, macizo. Pero resultó peor, porque simplemente soltó el llanto. ¡Se soltó a llorar como niño! Pero tampoco se fue.
Muchos meses creí haberle perdido el rastro; pero hace cuatro días volvió a aparecer por mi camino. En una presentación de libro, se me acercó, me saludó, me dijo que había ido varias veces a buscarme al local, a mi casa, marcado mi número y nada. Ahora, me volvió a pedir el número del celular y yo,, sin pensar mucho, se lo dí. ¿Qué podía pasar? Él ya se iba. Transcurrieron unos diez minutos y sonó el teléfono. Contesté y era él. Me dijo que quería que le explicara unas lecturas, que a donde me podía encontrar que le diera mi dirección y que se disculpaba por haber sido tan imprudente antes.
Obviamente, con todos estos antecedentes no le quise decir donde vivo, no fuera que otra vez lo tuviera ahí en mi casa hostigándome. En todo caso, le di datos de las siguientes presentaciones.
Y fue.
Y se me volvió a pegar.
Y no me lo quitaba de encima a pesar de que le grité que no estaba en mis manos su estabilidad emocional, y que se fuera a chingar a su madre y que ahí se veía porque ya estaba trepándome a la combi para escapar de su encimosa humanidad.
¡Pero ya me encontró!
Ayer iba saliendo del zaguán de mi casa cuando me lo topé de cara a pecho con su estúpida mirada y su gruesa voz y sus tenis rotos y su mochila vieja y si pelo áspero y sus ideas retorcidas e inconexas. Me encontró el muy cabrón y ya de plano sentí el impulso de mandarlo asesinar y hacerlo yo y arrojar su cadaver a alguna de esas barrancas que están siendo tapadas allá en Santa Ana para de una vez por todas librarme de su presencia, porque ahora cada vez que llego a la casa o salgo de ella me acomete la sensación de que ahí está agazapado para nuevamente balbucear dorante horas en espera de que yo le resuelva el terrible problema mental que trae arrastrando merced a quien sabe que asquerosos traumas infantiles.
No sé que haré la próxima vez que se me aparezca.
Advertidos quedan si después salgo en los diarios en otra sección que no sea cultura...
Este muchacho en su no muy lejana niñez era un cerebrito capaz de resolver complicadas ecuaciones a puro golpe de ceja. Incluso en la secundaria estuvo becado, y hasta donde alcanzo, en la prepa recibió un estímulo para saltar antes de tiempo a una universidad como prominente matemático.
Pero algo pasó en el camino que hizo que aquel se desentendiera de casi todo lo que es vital socialmente. Reprobó materias, se peleó con sus padres, lo expulsaron de la escuela, se metió al ejército, luego trabajó en alguna tienda como despachador y a poco lo corrieron porque simplemente su talla, expresión y tono de voz asustaban a la clientela.
No ha vuelto a hacer nada de provecho después de eso.
Cuando un servidor trabajaba como asistente de Centros Interactivos, aquel muchacho se aparecía casi a diario para descargar imágenes de ánime, principalmente Robotech, que en realidad otro era su nombre pero justo ahora no lo recuerdo; y princess Mononoke. No había otra cosa para él. Incluso se hizo el propósito de aprender japonés para entender los diálogos y canciones de aquellas series.
Después se olvidó por completo de aquella obsesión enfermiza jurando que nunca la había tenido.
Luego, cuando estuve en el ITJ, aquel se me aparecía por la oficina y de ahí no se retiraba se le dijera lo que se le dijera. A veces llegaba cantando canciones de Pedro Infante y no había nadie que lograra callarlo. Otras, decía que finalmente había descubierto el secreto de los cantantes de Death Metal y que él también podía cantar como perro.
Y lo hacía, para susto de los otros visitantes.
Cuando tuve el local en pleno centro de Tlaxcala, este hombre llegaba desde temprano y se pasaba hora tras hora balbuceando incoherencias sobre que ya tenía descifrado el pensamiento de Nietzche, o que en realidad Dios era una ecuación mal formulada y que por eso no había nadie aún visto su rostro; o que a veces los hombres... en fin, cuanta cosa retorcida e inconexa le pasara por la mente. De nada servía que le dijera que se callara, que entablara conversaciones coherentes, que no dejara el sudor de sus enormes palmas en el vidrio del mostrador, que se sentara y no obstruyera la puerta a los clientes. Le llegué a gritar, a regañar, a mentarle la madre, a amenazarlo con llamar a uno de esos policías que a cada rato pasaban por la zona para que se lo llevaran por acosador. Nada funcionaba.
Una vez, harto de tenerlo ahí, porque aparte llegaba de plano astroso. Ropa y tenis sucios, cabello con grandes cantidades de escamas, voz estentorea y aguardentosa, y lo más enojoso, con las axilas sudando y despidiendo un olor que hasta picaba en la nariz. A pesar de que le ofrecía desodorantes gratis nunca quería usarlos. Bueno, pues decía que una vez, ya en el colmo de la tolerancia, de plano le solté un puñetazo en plena cara, sentí su nariz hundirse bajo mis dedos y de inmediato la sangre brotar. Por un momento temí que me regresara el golpe. Él es alto, fornido, macizo. Pero resultó peor, porque simplemente soltó el llanto. ¡Se soltó a llorar como niño! Pero tampoco se fue.
Muchos meses creí haberle perdido el rastro; pero hace cuatro días volvió a aparecer por mi camino. En una presentación de libro, se me acercó, me saludó, me dijo que había ido varias veces a buscarme al local, a mi casa, marcado mi número y nada. Ahora, me volvió a pedir el número del celular y yo,, sin pensar mucho, se lo dí. ¿Qué podía pasar? Él ya se iba. Transcurrieron unos diez minutos y sonó el teléfono. Contesté y era él. Me dijo que quería que le explicara unas lecturas, que a donde me podía encontrar que le diera mi dirección y que se disculpaba por haber sido tan imprudente antes.
Obviamente, con todos estos antecedentes no le quise decir donde vivo, no fuera que otra vez lo tuviera ahí en mi casa hostigándome. En todo caso, le di datos de las siguientes presentaciones.
Y fue.
Y se me volvió a pegar.
Y no me lo quitaba de encima a pesar de que le grité que no estaba en mis manos su estabilidad emocional, y que se fuera a chingar a su madre y que ahí se veía porque ya estaba trepándome a la combi para escapar de su encimosa humanidad.
¡Pero ya me encontró!
Ayer iba saliendo del zaguán de mi casa cuando me lo topé de cara a pecho con su estúpida mirada y su gruesa voz y sus tenis rotos y su mochila vieja y si pelo áspero y sus ideas retorcidas e inconexas. Me encontró el muy cabrón y ya de plano sentí el impulso de mandarlo asesinar y hacerlo yo y arrojar su cadaver a alguna de esas barrancas que están siendo tapadas allá en Santa Ana para de una vez por todas librarme de su presencia, porque ahora cada vez que llego a la casa o salgo de ella me acomete la sensación de que ahí está agazapado para nuevamente balbucear dorante horas en espera de que yo le resuelva el terrible problema mental que trae arrastrando merced a quien sabe que asquerosos traumas infantiles.
No sé que haré la próxima vez que se me aparezca.
Advertidos quedan si después salgo en los diarios en otra sección que no sea cultura...
Monday, June 25, 2007
Tres robos
Y todos perpetrados en la casa de cultura de Tlaxcala.
Uno de ellos, merced a los cambios y enroques que se han venido sucediendo en los diferentes espacios de poder del gobierno local.
Para ponerlo en lenguaje llano.Cambió el director del ITC y con eso muchos de los planes que había se han venido, o retrasando, o modificando, y en algunos casos de plano eliminando.
La parte que me toca, egoista que soy, es la edición del libro de cuentos. Ya no sale en fecha cercana, y en un descuido hasta en fecha lejana. No hay presuntos responsables, hay, en todo caso, plena disposición de las autoridades pertinentes para resolver el caso, ya sea mediante otro de los programas, como es el caso de aquel cien X cien, o hasta conseguir recursos para sacarlo de una manera coeditada.
El otro caso es más trivial, pero que me afecta más directamente: Mi bicicleta desapareció del vestíbulo del edificio ante la mirada de varios a los que, resulta lógico, ni les interesaba averiguar si el presunto caco era o no el dueño del aparato aquel.
Ahora, el tercer robo tiene que ver con una incapacidad de poetizar acerca de esos dos actos.
Porque resulta que me sentí robado en mis ilusiones de ver en tinta y papel aquellas historias que tantas horas me tomó acomodar, depurar, construir y reconstruir, maquillar, peinar y lamer para que quedaran lindas lindas y sentirme orgulloso cuando en su presentación en sociedad me dijeran que había cumplido como afectuoso padre de las mismas.
Me sentí robado en mi concepto de humanidad solidaria, parte de un entorno en el cual me siento libre, sosegado, cobijado. Me robaron la seguridad, la confianza en los otros, las ganas que cada mañana me embargan de convivir con el mundo.
Y me sentí robado en mis ganas de escribir, esa mañana precisamente una serie de textos que me reivindicaban con mis propias ideas.
O acaso no fue un robo, sino un despiste propiciado por mi ofuscación. En todo caso, desde hace días camino por las calles de Tlaxcala mirando de reojo a todo mundo y apretando el contenido de mi mochila y de mis bolsillos. Camino silencioso cuidándome de decir a los demás lo que en ese momento va armándose en mi cabeza.
No vaya a ser la de malas.
Uno de ellos, merced a los cambios y enroques que se han venido sucediendo en los diferentes espacios de poder del gobierno local.
Para ponerlo en lenguaje llano.Cambió el director del ITC y con eso muchos de los planes que había se han venido, o retrasando, o modificando, y en algunos casos de plano eliminando.
La parte que me toca, egoista que soy, es la edición del libro de cuentos. Ya no sale en fecha cercana, y en un descuido hasta en fecha lejana. No hay presuntos responsables, hay, en todo caso, plena disposición de las autoridades pertinentes para resolver el caso, ya sea mediante otro de los programas, como es el caso de aquel cien X cien, o hasta conseguir recursos para sacarlo de una manera coeditada.
El otro caso es más trivial, pero que me afecta más directamente: Mi bicicleta desapareció del vestíbulo del edificio ante la mirada de varios a los que, resulta lógico, ni les interesaba averiguar si el presunto caco era o no el dueño del aparato aquel.
Ahora, el tercer robo tiene que ver con una incapacidad de poetizar acerca de esos dos actos.
Porque resulta que me sentí robado en mis ilusiones de ver en tinta y papel aquellas historias que tantas horas me tomó acomodar, depurar, construir y reconstruir, maquillar, peinar y lamer para que quedaran lindas lindas y sentirme orgulloso cuando en su presentación en sociedad me dijeran que había cumplido como afectuoso padre de las mismas.
Me sentí robado en mi concepto de humanidad solidaria, parte de un entorno en el cual me siento libre, sosegado, cobijado. Me robaron la seguridad, la confianza en los otros, las ganas que cada mañana me embargan de convivir con el mundo.
Y me sentí robado en mis ganas de escribir, esa mañana precisamente una serie de textos que me reivindicaban con mis propias ideas.
O acaso no fue un robo, sino un despiste propiciado por mi ofuscación. En todo caso, desde hace días camino por las calles de Tlaxcala mirando de reojo a todo mundo y apretando el contenido de mi mochila y de mis bolsillos. Camino silencioso cuidándome de decir a los demás lo que en ese momento va armándose en mi cabeza.
No vaya a ser la de malas.
Monday, May 28, 2007
Empresas televisivas
Ayer finalmente se cumplió la amenaza que pendía sobre radio caracas venezuela. Hugo Chavez llevó el berrinche hasta el final.
No me voy a erigir en censor ni apapachador de tal acción, que es a los venezolanos les corresponde.
Lo que quiero comentar es el papel que Televisión Azteca viene representando desde el inicio del conflicto... y también Televisa.
Pues no puedo evitar recordar la frase "si ves a tu vecino rasurar, pon tus barbas a remojar".
Bueno, pero estas televisoras están seguras de que aquí no les pasará nada... por el momento. Ya cumplieron su parte con el poder erigido artificiosamente y debido a eso pueden darse sus baños de pureza. Lo que me llama la atención es el hecho de que sus respectivos analistas centren sus comentarios en la figura despótica y represiva del cuasi dictador Chavez, cuando en casos similares o paralelos se dedican a reafirmar su "estricto apego a la ley", en violaciones tan evidentes como aquella intervención de Tv Azteca en Canal 40 ¿se acuerdan?.
Bueno, pues haciendo un recuento, estos analistas deberían centrarse, en este caso, también en la pura cuestión legal.
Así de sencillo.
P.D: Con gente como aquella, mexicanitos metidos en la embajada de Venezuela en supuesto apoyo a Chávez, aún por sobre los venezolanos que ahí había, a uno le dan ganas de dejar de apoyar causas, sean de la índole que sea.
De pésimo gusto y peor tacto.
en fin, así está la cosa.
No me voy a erigir en censor ni apapachador de tal acción, que es a los venezolanos les corresponde.
Lo que quiero comentar es el papel que Televisión Azteca viene representando desde el inicio del conflicto... y también Televisa.
Pues no puedo evitar recordar la frase "si ves a tu vecino rasurar, pon tus barbas a remojar".
Bueno, pero estas televisoras están seguras de que aquí no les pasará nada... por el momento. Ya cumplieron su parte con el poder erigido artificiosamente y debido a eso pueden darse sus baños de pureza. Lo que me llama la atención es el hecho de que sus respectivos analistas centren sus comentarios en la figura despótica y represiva del cuasi dictador Chavez, cuando en casos similares o paralelos se dedican a reafirmar su "estricto apego a la ley", en violaciones tan evidentes como aquella intervención de Tv Azteca en Canal 40 ¿se acuerdan?.
Bueno, pues haciendo un recuento, estos analistas deberían centrarse, en este caso, también en la pura cuestión legal.
Así de sencillo.
P.D: Con gente como aquella, mexicanitos metidos en la embajada de Venezuela en supuesto apoyo a Chávez, aún por sobre los venezolanos que ahí había, a uno le dan ganas de dejar de apoyar causas, sean de la índole que sea.
De pésimo gusto y peor tacto.
en fin, así está la cosa.
De tortillas volcadas
Dueños absolutos de la opinión y la conciencia de las masas, retoman antiguos rituales en su momento satanizados por ellos mismos, para convertirlos en pastiches al servicio de sus intereses. Así, el grito rasposo de Joan Jet declarando su amor por ese ritmo peligroso y clarificador, se convierte en un mohín coqueto en voz de Britney Spears. La declaración de principios y la pintada de raya que en su momento hacía Alaska y Dinarama con “A quien le importa”, recibe un baño de mojigatería y frivolidad retomado por Talía. Recientemente asistimos al penoso espectáculo de ver a una vieja gloria del Heavy Glam, Dee Snider de Twisted Sister, regalando a los empresarios un tema que en su momento fue el grito rabioso contra las prácticas deshumanizantes de los empresarios. Para redondear la puñalada, se le da a una partida de matalotes el permiso de usar ese tema ahora en contra de quienes inicialmente deberían cantarla.
Así es damas y caballeros, “No lo aceptaremos” es la voltereta de la tortilla. Si antes uno podía decir No acepto que me quieras enjaretar tu… (cualquier cosa que en términos personales neguemos), ahora es un “Pobre de ti si te atreves a… (robo hormiga, clonación de pelis y música, cuestionar altos intereses de los bancos, protestar por el alza en los precios).
¿Qué más nos depara nuestro querido México enpanizado?
Así es damas y caballeros, “No lo aceptaremos” es la voltereta de la tortilla. Si antes uno podía decir No acepto que me quieras enjaretar tu… (cualquier cosa que en términos personales neguemos), ahora es un “Pobre de ti si te atreves a… (robo hormiga, clonación de pelis y música, cuestionar altos intereses de los bancos, protestar por el alza en los precios).
¿Qué más nos depara nuestro querido México enpanizado?
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