que hace que una noche ponga otra cobija y al la siguiente de plano quite hasta la sábana.
hace unos días estuve gran parte de la mañana pintando un mural en mi azotea... ¿Que los murales son en los muros? es que este era sobre una manta para luego ser transportado. Bueno, y entonces, en los últimos toques de un licuado de verdes, negro y amarillo para el follaje de mis pinitos, que se me trepa un martillo hasta la nuca y todo giró tan bonitamente que la escalera de caracol me pareció de cienpiés.
Había estado unas seis horas bajo el sol, y a pesar de no haberme sentido quemado ni acalorado, el sol si estaba potente.
Total que mareado y con la sensación de ser el doble de cabezón, bajé cautelosamente y entré a la cocina de mi casa, toda ventilada, pensando en beber un vaso DE agua.
Ultimamente tengo el reflejo automático de, en cuanto cruzo el umbral de mi casa, voy dereco a la televisión a encenderla. Así que me seguí de largo, y justo a medio camino me asaltó un escalofrío tan tembloroso que no tuve más que encogerme diciendo: Pinche frío, ¿de que se trata?
Así nomás, me había insolado. Carajo. Otro pretexto para que al llegar ella me apapachara y se acurrucara junto a mi con su carga de bondad y atenciones.
POr la noche, entre tanta fiebre y sudores fríos y electrolitos y una distorsionada película, se me ocurrieron varios cuentos, de los cuales entre antier, ayer y hoy, he rescatado tres, que de un plumazo ahí están ya en su primera versión.
la próxima semana abriré los archivos y les daré una retocada y se irán ahora a la carpeta de los terminados.
Con sucesos así, seguro antes de que acabe el año estaré cumpliendo con mi editor con otro libro de relatos cortos.
ya les avisaré.
Saturday, April 26, 2008
de lo que uno deja de lado
que siempre es mucho; la mayoría de temas nos llegan a parecer comentables, aunque los tales acaben siendo lamentables.
Será por eso que prefiero alzar los hombros cuando me preguntan qué onda con los emos, el petroleo, el PRD, el sindicato y los últimos conciertos.
Y es que de cada cosa que se me viene a la mente, con el paso de los días aquella inicial opinión se va bifurcando, agarrando nuevos caminos y en una de esas, y en unos de esos, he acabado por decantarme por salidas menos oeterodoxas.
Y como a muchos de los que fungen de mis interlocutores circunstanciales no les caería la nota, pues mejor no digo nada.
Porque, ultimadamente, ¿quien le hace caso a las opiniones de los demás? el mundo es un entrecruzar de opiniones sin más objetivo que participar en la bola sin los riesgos que implica la acción. Todos somos capaces de hablar, de hacer saber al de junto que tenemos una mejor solución que Calderón, que Hugo Sánchez, que AMLO, que Héctor Ortiz. Pero que nadie ose retomar mi idea, no sea la de malas y en realidad acabe por desmadrar las cosas. Y en esa consigna vamos de sabihondos por la vida, sabiendo en nuestro fuero íntimo que seguramente nosotros y no otros tenemos la neta agarrada del pescuezo.
Bueno, pero como en mi caso ni mis calcetines puedo acomodar satisfactoriamente, mejor no contesto a pregunta alguna, a menos que sea sobre lo que el mesero me traerá.
por lo tanto, ¡salud! Ahora que la tenemos.
Será por eso que prefiero alzar los hombros cuando me preguntan qué onda con los emos, el petroleo, el PRD, el sindicato y los últimos conciertos.
Y es que de cada cosa que se me viene a la mente, con el paso de los días aquella inicial opinión se va bifurcando, agarrando nuevos caminos y en una de esas, y en unos de esos, he acabado por decantarme por salidas menos oeterodoxas.
Y como a muchos de los que fungen de mis interlocutores circunstanciales no les caería la nota, pues mejor no digo nada.
Porque, ultimadamente, ¿quien le hace caso a las opiniones de los demás? el mundo es un entrecruzar de opiniones sin más objetivo que participar en la bola sin los riesgos que implica la acción. Todos somos capaces de hablar, de hacer saber al de junto que tenemos una mejor solución que Calderón, que Hugo Sánchez, que AMLO, que Héctor Ortiz. Pero que nadie ose retomar mi idea, no sea la de malas y en realidad acabe por desmadrar las cosas. Y en esa consigna vamos de sabihondos por la vida, sabiendo en nuestro fuero íntimo que seguramente nosotros y no otros tenemos la neta agarrada del pescuezo.
Bueno, pero como en mi caso ni mis calcetines puedo acomodar satisfactoriamente, mejor no contesto a pregunta alguna, a menos que sea sobre lo que el mesero me traerá.
por lo tanto, ¡salud! Ahora que la tenemos.
Wednesday, February 27, 2008
Chapulines
Tlaxcala es una olla de chapulines.
Hay un hervidero de saltones, salteadores y saltapatrás en tan diminuto espacio que forzosamente el zumbido llega hasta los confines del tlecuil político.
Cada movimiento hecho por personajes de mediana índole, se convierte en pretexto azuzador para otro de igual ralea. Actualmente ni la sacrosanta cultura se escapa.
Y así sea en Tlaxcala capital, en Tetlanohcan o en Atltzayanca, Tequexquitla y Zacatelco. En todos lados se cuecen habas.
En Tetlanohcan matan a un individuo y encarcelan a seis, y un cabrón azuza al pueblo para que destituyan al presidente municipal.
En Atltzayanca se recibe una lana federal para construcción de un gran centro cultural, y los nuevos funcionarios municipales se la gastan dizque en nómina en lo que les liberan presupuesto. Aunque este dinero se recibió desde noviembre y el presupuesto ya les ha sido liberado, parece que la lana se va a deshilachar como lavada en tequexquite.
En Tequexquitla se presume de presidente “de migrante a funcionario público, él sí sabe de lo que carece el pueblo”. Regatea con avaricia de viejo los apoyos que otorgaba el municipio a madres solteras, a cultura y a abastecimiento de obra pública.
En Chiautempan apenas llegadito y destituyen al presidente municipal y ponen a su suplente, quien de sopetón y sin esperarlo, el poder le queda como piedra al cuello. Beneficiado el ahorcado de tradición carnavalesca, que tuvo tela de donde cortar para disfrazar de juegue el rencor social.
Y en el ITC ni para que decirlo, si ustedes deberán saber como se las gasta don Sabino Yano.
La última declaración que leí en los diarios locales, era, con diferentes palabras: “No tenemos nada, no hemos hecho nada, no hemos planeado nada”. Y eso que desde hace meses andaba muy ufano, hablando de un nuevo teatro (Como si hiciera falta) que complemente al Xicohtencatl. Unos cinco millones que se inyectarían al MAT para proyectos de gran calibre, una mejora estructural de las casas de cultura de los ayuntamientos o tantas otras cosas que en realidad se han venido convirtiendo en respuestas del tipo: No, pues no se puede. No hay presupuesto. Se canceló. El director dijo que siempre no.
Y lo que se comenta de forma paralela es: Pues que el director y sus cojines han estrenado camionetas. El director está remodelando su casa en Puebla. El director ya contrató harto muchacho guapo para sentirse y sentarse a gusto. El director y Calderón se metieron a fuerzas en el comité de seguimiento de Atltzayanca y aquello se va a pudrir y a lo mejor la lana se regresa. El director la neta ni dirige nada.
¿Hacia donde se dirigirá entonces esta ollita de chapulines que es nuestra Tlaxcala?
Hay un hervidero de saltones, salteadores y saltapatrás en tan diminuto espacio que forzosamente el zumbido llega hasta los confines del tlecuil político.
Cada movimiento hecho por personajes de mediana índole, se convierte en pretexto azuzador para otro de igual ralea. Actualmente ni la sacrosanta cultura se escapa.
Y así sea en Tlaxcala capital, en Tetlanohcan o en Atltzayanca, Tequexquitla y Zacatelco. En todos lados se cuecen habas.
En Tetlanohcan matan a un individuo y encarcelan a seis, y un cabrón azuza al pueblo para que destituyan al presidente municipal.
En Atltzayanca se recibe una lana federal para construcción de un gran centro cultural, y los nuevos funcionarios municipales se la gastan dizque en nómina en lo que les liberan presupuesto. Aunque este dinero se recibió desde noviembre y el presupuesto ya les ha sido liberado, parece que la lana se va a deshilachar como lavada en tequexquite.
En Tequexquitla se presume de presidente “de migrante a funcionario público, él sí sabe de lo que carece el pueblo”. Regatea con avaricia de viejo los apoyos que otorgaba el municipio a madres solteras, a cultura y a abastecimiento de obra pública.
En Chiautempan apenas llegadito y destituyen al presidente municipal y ponen a su suplente, quien de sopetón y sin esperarlo, el poder le queda como piedra al cuello. Beneficiado el ahorcado de tradición carnavalesca, que tuvo tela de donde cortar para disfrazar de juegue el rencor social.
Y en el ITC ni para que decirlo, si ustedes deberán saber como se las gasta don Sabino Yano.
La última declaración que leí en los diarios locales, era, con diferentes palabras: “No tenemos nada, no hemos hecho nada, no hemos planeado nada”. Y eso que desde hace meses andaba muy ufano, hablando de un nuevo teatro (Como si hiciera falta) que complemente al Xicohtencatl. Unos cinco millones que se inyectarían al MAT para proyectos de gran calibre, una mejora estructural de las casas de cultura de los ayuntamientos o tantas otras cosas que en realidad se han venido convirtiendo en respuestas del tipo: No, pues no se puede. No hay presupuesto. Se canceló. El director dijo que siempre no.
Y lo que se comenta de forma paralela es: Pues que el director y sus cojines han estrenado camionetas. El director está remodelando su casa en Puebla. El director ya contrató harto muchacho guapo para sentirse y sentarse a gusto. El director y Calderón se metieron a fuerzas en el comité de seguimiento de Atltzayanca y aquello se va a pudrir y a lo mejor la lana se regresa. El director la neta ni dirige nada.
¿Hacia donde se dirigirá entonces esta ollita de chapulines que es nuestra Tlaxcala?
Puentes
Es emblemática la pasión del mexicano por los puentes. ¿Que un día feriado cae entre semana? Lo pasamos cerca de un sábado o domingo y así nos la pachangueamos dos días seguidos. ¿Qué el calendario escolar, merced a caprichosas fórmulas, nos marca obligatorias suspensiones? Pues entonces acomodamos todo el mes para que de un jalón nos toquen quince días de vacaciones. Antes era casi de dominio exclusivo de los maestros albañiles el hacer “san lunes”, pero ahora ese poder se ha trasladado directamente al otro extremo de la escala económica, o sea, los que menos trabajan y más ganan: los funcionarios públicos; léase, diputados, burócratas al servicio del estado y jefes de departamento en cualquier área pública y dependencia gubernamental. Claro que el ciudadano medio también hace uso de su derecho al descanso, pero lo hace con cierto decoro y hasta preocupación porque entiende que un día no trabajado es un salario mermado.
En fin.
Pero la cosa esta de los puentes la traigo a cuento porque parece que a últimas fechas en Tlaxcala se vive con verdadero furor el amor por los puentes.
Desde inicios de esta administración, se hizo hincapié en tender puentes hacia el progreso, en estrechar lazos de comunicación y bla bla, bla. Por lo menos en una cosa sí cumplieron: hacer puentes. De diversa índole, puentes peatonales, puentes a desnivel, puentes por aquí y por allá. Puentes en donde ni siquiera hacían falta, puentes nuevos demoliendo puentes que no eran viejos ni inservibles.
Los casos más evidentes fueron los de Chiautempan y Atlihuetzía. En el caso de Atlihuetzía, en un inicio se había dicho que iban a ampliar y elevar el puente que conecta Yauhquemecan con San Matías, vamos, el puente de Atlihuetzía. Pero a media obra se hizo evidente que toda esa demolición, todos esos meses de obra y de molestia a los conductores, derivó en un puente igualito al anterior, ni más grande ni más alto ni más seguro que el anterior. Lo que sí cambió, y sustancialmente ha de haber sido el bolsillo de los concesionarios de la obra, y, para no dejar, uno que otro funcionario de gobierno, por no decir que el gobierno mismo representado por ya sabrán. Sospechosamente, y esto es de dominio público, se hizo por ahí de ciertas elecciones, lo que nos lleva a pensar que el desvío de recursos fue en fajos gordos.
Luego vino el puente a desnivel sobre la carretera Apizaco-Puebla. El puentecito aquel costó algunos milloncitos que a decir de los que saben más que yo, no era para tanto. El absurdo es que de haber hecho todo ese movimiento que hicieron de poner semáforos, distribuidores vehiculares fuera del crucero y las debidas adecuaciones a camellones y banquetas, no habría hecho falta construir ese puente elevado que nos lleva de Tlaxcala a Santa Ana. Ah, pero se me olvida: también se hizo en tiempos de votaciones, por lo tanto, ahí hubo otro desvío de… ¿qué les gusta, la mitad de lo declarado? Y eso que uno de los candidatos era el concesionario de la obra. O sea que tanto a su campaña como al partido oficial les cayó el financiamiento como descolgadito de un puente.
Menos mal que aquel no ganó, lástima que los del azul se metieron en masa al congreso, así ni como auditarlos.
Ahora el que se ve que va para largo es, nuevamente el de Atlihuetzía. El anterior había tenido como pretexto que había que hacerlo transitable para llegar al hospital infantil de Tlaxcala. Pero después de terminado se dieron cuenta que quedó igual y entonces, sabios, vieron que mejor hacemos otro con desniveles y columnotas y toda la cosa. Concluyeron una etapa… y se dieron cuenta que faltaba una segunda. Pero después vieron que a un costado hacía falta carretera y en subsiguiente etapa, de una vez nos chutamos otro carril… y de una vez le ponemos a éste su cacho de puente… ¿Y ya que estamos, si le añadimos por aquí un poco de vuelo al pavimento y hacemos que los coches se columpien… ¿Cómo ves compadre si mejor, ya que le rascamos aquí, nos llevamos por las palas mecánicas ese cachito de cerro que nomás está estorbando? Bueno, al fin que también nos llevamos una lana de más ¿no?
¿No tienen ustedes la impresión de que cada puente construido en Tlaxcala tiene altas dosis de improvisación y de planeación sobre la marcha?
O será que, como en el asunto de los puentes vacacionales, se aprovechan las cercanías con los fines de semana, estén o no las circunstancias favorables.
En fin.
Pero la cosa esta de los puentes la traigo a cuento porque parece que a últimas fechas en Tlaxcala se vive con verdadero furor el amor por los puentes.
Desde inicios de esta administración, se hizo hincapié en tender puentes hacia el progreso, en estrechar lazos de comunicación y bla bla, bla. Por lo menos en una cosa sí cumplieron: hacer puentes. De diversa índole, puentes peatonales, puentes a desnivel, puentes por aquí y por allá. Puentes en donde ni siquiera hacían falta, puentes nuevos demoliendo puentes que no eran viejos ni inservibles.
Los casos más evidentes fueron los de Chiautempan y Atlihuetzía. En el caso de Atlihuetzía, en un inicio se había dicho que iban a ampliar y elevar el puente que conecta Yauhquemecan con San Matías, vamos, el puente de Atlihuetzía. Pero a media obra se hizo evidente que toda esa demolición, todos esos meses de obra y de molestia a los conductores, derivó en un puente igualito al anterior, ni más grande ni más alto ni más seguro que el anterior. Lo que sí cambió, y sustancialmente ha de haber sido el bolsillo de los concesionarios de la obra, y, para no dejar, uno que otro funcionario de gobierno, por no decir que el gobierno mismo representado por ya sabrán. Sospechosamente, y esto es de dominio público, se hizo por ahí de ciertas elecciones, lo que nos lleva a pensar que el desvío de recursos fue en fajos gordos.
Luego vino el puente a desnivel sobre la carretera Apizaco-Puebla. El puentecito aquel costó algunos milloncitos que a decir de los que saben más que yo, no era para tanto. El absurdo es que de haber hecho todo ese movimiento que hicieron de poner semáforos, distribuidores vehiculares fuera del crucero y las debidas adecuaciones a camellones y banquetas, no habría hecho falta construir ese puente elevado que nos lleva de Tlaxcala a Santa Ana. Ah, pero se me olvida: también se hizo en tiempos de votaciones, por lo tanto, ahí hubo otro desvío de… ¿qué les gusta, la mitad de lo declarado? Y eso que uno de los candidatos era el concesionario de la obra. O sea que tanto a su campaña como al partido oficial les cayó el financiamiento como descolgadito de un puente.
Menos mal que aquel no ganó, lástima que los del azul se metieron en masa al congreso, así ni como auditarlos.
Ahora el que se ve que va para largo es, nuevamente el de Atlihuetzía. El anterior había tenido como pretexto que había que hacerlo transitable para llegar al hospital infantil de Tlaxcala. Pero después de terminado se dieron cuenta que quedó igual y entonces, sabios, vieron que mejor hacemos otro con desniveles y columnotas y toda la cosa. Concluyeron una etapa… y se dieron cuenta que faltaba una segunda. Pero después vieron que a un costado hacía falta carretera y en subsiguiente etapa, de una vez nos chutamos otro carril… y de una vez le ponemos a éste su cacho de puente… ¿Y ya que estamos, si le añadimos por aquí un poco de vuelo al pavimento y hacemos que los coches se columpien… ¿Cómo ves compadre si mejor, ya que le rascamos aquí, nos llevamos por las palas mecánicas ese cachito de cerro que nomás está estorbando? Bueno, al fin que también nos llevamos una lana de más ¿no?
¿No tienen ustedes la impresión de que cada puente construido en Tlaxcala tiene altas dosis de improvisación y de planeación sobre la marcha?
O será que, como en el asunto de los puentes vacacionales, se aprovechan las cercanías con los fines de semana, estén o no las circunstancias favorables.
Wednesday, February 06, 2008
Cuando el trabajo es dado a regañadientes y con suspicacias
por estos días a Ángel le han dado la noticia que lleva esperando por más de cuatro años. Pero la encargada de dársela, tuvo la maldita ocurrencia de amargarle el dato con un comentario estúpido. Ya el añopasado esta misma mujer le había escamoteado la oportunidad. Resulta que hubo otras chicas haciendo antesala esperando una oportunidad similar, pero con la diferencia de que ellas ni se habían esforzado tanto, ni llevaban el tiempo que a Ángel le tomó posicionarse. El caso es que en ese entonces, de repente se dio la noticia que fulana y sutana y perengana ya tenáin plaza. ¿Y a las que se fletaron en los eventos? ¿Y las que estaban ahí casi a diario procurando hacerse evidentes? ¿Y las que pusieron a coordinar actividades, ayudar en labores de oficina, decorar cada semana su periódico mural, dar la cara como edecanes en festividades oficiales durante horas?
Una de ellas fue Ángel. Y así, de buenas a primeras la dejaban de lado y le daban el trabajo a otra que brillaba por su ausencia en esos eventos y que tenía la mitad de tiempo haciendo méritos.
En aquel momento Ángel se puso realmente mal. La frustración, el coraje, la humillación que suponía el que no valoraran su trabajo. Creyó, ante este acto discrecional, que la mujerona en cuestión le tenái cierta aversión. Con el paso de las semanas pudo tranquilizarse y averiguar qué le había faltado para ser tomada en cuenta.
Luego tomó la iniciativa de acercarse a otros dirigentes y nuevamente hacer ver su presencia y su necesidad de tener el trabajo. Poco a poco, sorteando toda clase de comentarios mal intencionados y suspicacias, logró llegar al dirigente principal e insistir en que esos cuatro años ya le daban cierto derecho a pedir un espacio en el sindicato. Aquel se comprometió a reparar la omisión anterior dándole un lugar este año.
Ya por octubre le habían pedido sus documentos, pero aquella mujer, le dijo que se esperara, que todavía no era tiempo.
El caso es que este fin de semana, la ya referida le habló por la noche diciéndole que al día siguiente a primera hora llevara sus papeles a la USET, pero que fuera discreta para que las otras chicas de la lista no dijeran que les daban su plaza a las influyentes.
De esta manera, le negaba la satisfacción de recibir su lugar, convirtiéndolo en un favor discrecional. Le amargó el gusto, la hizo sentir que todo lo que había hecho, todo lo que había gastado en ir y venir estos cuatro años no valían nada. Le dejó entrever que sólo porque era una asidua conversadora del lider sindical es que se le daba el chance.
Y todavía peor: dejaba implícita la puya de que seguramente debía esta oportunidad a actos fuera del ámbito laboral, a escapes y cosas menos comentable y dignas.
Y eso, no se vale.
Una de ellas fue Ángel. Y así, de buenas a primeras la dejaban de lado y le daban el trabajo a otra que brillaba por su ausencia en esos eventos y que tenía la mitad de tiempo haciendo méritos.
En aquel momento Ángel se puso realmente mal. La frustración, el coraje, la humillación que suponía el que no valoraran su trabajo. Creyó, ante este acto discrecional, que la mujerona en cuestión le tenái cierta aversión. Con el paso de las semanas pudo tranquilizarse y averiguar qué le había faltado para ser tomada en cuenta.
Luego tomó la iniciativa de acercarse a otros dirigentes y nuevamente hacer ver su presencia y su necesidad de tener el trabajo. Poco a poco, sorteando toda clase de comentarios mal intencionados y suspicacias, logró llegar al dirigente principal e insistir en que esos cuatro años ya le daban cierto derecho a pedir un espacio en el sindicato. Aquel se comprometió a reparar la omisión anterior dándole un lugar este año.
Ya por octubre le habían pedido sus documentos, pero aquella mujer, le dijo que se esperara, que todavía no era tiempo.
El caso es que este fin de semana, la ya referida le habló por la noche diciéndole que al día siguiente a primera hora llevara sus papeles a la USET, pero que fuera discreta para que las otras chicas de la lista no dijeran que les daban su plaza a las influyentes.
De esta manera, le negaba la satisfacción de recibir su lugar, convirtiéndolo en un favor discrecional. Le amargó el gusto, la hizo sentir que todo lo que había hecho, todo lo que había gastado en ir y venir estos cuatro años no valían nada. Le dejó entrever que sólo porque era una asidua conversadora del lider sindical es que se le daba el chance.
Y todavía peor: dejaba implícita la puya de que seguramente debía esta oportunidad a actos fuera del ámbito laboral, a escapes y cosas menos comentable y dignas.
Y eso, no se vale.
Wednesday, January 30, 2008
Hay veces en que hacen falta...
...ecos de canciones que nutran la nostalgia.
La inevitable sensación de que sin letra estarían mejor ciertos trazos de guitarras, compases de baterías, voces que aullan, coros que acompañan sensaciones gloriosas.
Si todo lo que escucho durante el día se combinara, quizá acabaría encontrando el soundtrack perfecto para el rodaje de mi vida en el escenario cotidiano.
Pero siempre habrá quien se empeñe en destrozar las emociones que genera la música poniéndole letras pendejas.
Y yo que me la pasé seleccionando lo mejor de la música de esta semana en combis, internet, radio y ipods de relativos cuates.
Llegó a valerme madres que fueran Heavys épicos, banales pops radiales, combativos hardcores, megalómanos reggetones o corajudos corridos.
Lo importante fue ubicar la dispersa identidad de esta cosa que me está carcomiendo y que ya no llenan los hipócritas caminos y los personajes que a cada rato ofrecen aventón.
Pinches carreteras a la perdición convenenciera.
Pinches Cadillacs negros y pulidos.
Pinches camionetas rojas retacadas de mariguana.
pinches chevrolets oxidados que transportan mi dolor.
pinches lotes de autos usados/robados que se ofrecen al mejor postor cual putas fugas de espacio-tiempo.
pinches opinadores, pinches todos, pinches ganas de estar chingando la madre, de cagar el palo, de entrometerse en lo que yo quiero sentir/saber/gritar/hacer.
Ah, la de veces que ha de suceder a partir de ahora...
Otra canción sin letra por favor.
La inevitable sensación de que sin letra estarían mejor ciertos trazos de guitarras, compases de baterías, voces que aullan, coros que acompañan sensaciones gloriosas.
Si todo lo que escucho durante el día se combinara, quizá acabaría encontrando el soundtrack perfecto para el rodaje de mi vida en el escenario cotidiano.
Pero siempre habrá quien se empeñe en destrozar las emociones que genera la música poniéndole letras pendejas.
Y yo que me la pasé seleccionando lo mejor de la música de esta semana en combis, internet, radio y ipods de relativos cuates.
Llegó a valerme madres que fueran Heavys épicos, banales pops radiales, combativos hardcores, megalómanos reggetones o corajudos corridos.
Lo importante fue ubicar la dispersa identidad de esta cosa que me está carcomiendo y que ya no llenan los hipócritas caminos y los personajes que a cada rato ofrecen aventón.
Pinches carreteras a la perdición convenenciera.
Pinches Cadillacs negros y pulidos.
Pinches camionetas rojas retacadas de mariguana.
pinches chevrolets oxidados que transportan mi dolor.
pinches lotes de autos usados/robados que se ofrecen al mejor postor cual putas fugas de espacio-tiempo.
pinches opinadores, pinches todos, pinches ganas de estar chingando la madre, de cagar el palo, de entrometerse en lo que yo quiero sentir/saber/gritar/hacer.
Ah, la de veces que ha de suceder a partir de ahora...
Otra canción sin letra por favor.
Monday, January 21, 2008
A la caza
Atrapando pesos para alimentarme.
Capturando discos para actualizarme.
Afianzando proyectos para ocuparme.
Aprendiendo nahuatl para Estación Xochipitzahuac
Amarrando contactos para publicar tres libros.
Convenciendo gente para hacerles trabajos de diseño gráfico.
Colocando mesas para que los niños de la vecindad pinten lo que gusten pintar.
Levantándome de madrugada para escribir ideas para nuevos cuentos.
Hablando a una veintena de estudiantes de secundaria acerca de lo maravilloso del arte.
Revisando por aquí y por allá para tener la croqueta con qué nutrir a ese flaco fanzine llamado El Perro.
A la caza de lectores, de nuevos amigos, de conversaciones agradables, de sabores estimulantes, de aventuras sencillas que no me compliquen el amor ya comprometido, de texturas que proporcionen al tacto y a la vista mayores satisfacciones.
Cazo de todo, ropavejero de oportunidades.
pescador sin crueles garfios, sin sedal y sin estrategias. Cazo como camino: a la deriva y sin plan determinado.
Así cazo y casos como este son escasos.
Eso creo.
Salud camaradas!!!
Capturando discos para actualizarme.
Afianzando proyectos para ocuparme.
Aprendiendo nahuatl para Estación Xochipitzahuac
Amarrando contactos para publicar tres libros.
Convenciendo gente para hacerles trabajos de diseño gráfico.
Colocando mesas para que los niños de la vecindad pinten lo que gusten pintar.
Levantándome de madrugada para escribir ideas para nuevos cuentos.
Hablando a una veintena de estudiantes de secundaria acerca de lo maravilloso del arte.
Revisando por aquí y por allá para tener la croqueta con qué nutrir a ese flaco fanzine llamado El Perro.
A la caza de lectores, de nuevos amigos, de conversaciones agradables, de sabores estimulantes, de aventuras sencillas que no me compliquen el amor ya comprometido, de texturas que proporcionen al tacto y a la vista mayores satisfacciones.
Cazo de todo, ropavejero de oportunidades.
pescador sin crueles garfios, sin sedal y sin estrategias. Cazo como camino: a la deriva y sin plan determinado.
Así cazo y casos como este son escasos.
Eso creo.
Salud camaradas!!!
Friday, January 18, 2008
muertes, resurrecciones y zombies
Se murió uno de los hombres que en su momento y con su obra contribuyeron a que me enganchara en el Rock; cosa que las vacas sagradas tipo Pink Floyd o The Beatles no lograban en mi niñez.
Kevin Dubrow sería todo lo maleta y arribista y mediocre que quisieran, pero en 1983 fue el único que hizo, con sus gritos y su imagen, que entrara al mundo del heavy.
Lo malo del asunto es que su muerte viene a ser de los más absurda y anodina y chafa. Antaño, morirse de una sobredosis era entrar al olimpo del Rock'n'roll. Ahora, es una verdadera pendejada; y más si se tienen 52 años y tu banda hace lustros que no es tocada ni en las radios de tu país en la sección de recuerdos.
Pero aún así: !Viva Quiet Riot!
Por otra parte, uno de esos animales que andaban las calles sin tantos aspavientos y sin más intención que simplemente vivir, acaba de encontrarse ante un espejo tipo Tezcatlipoca. El Perro fanzine peregrino resucita, y lo hace con toda su carga de huesos roidos y fotocopiados; faltaba más.
Ya se lo encontrarán por una de esas calles una y otra vez acribilladas por un presunto modernizaje urbano, cómplice de jugosos negocios por parte de nuestras autoridades.
y finalmente, encontré una horda de zombis que creí definitivamente sepultados muy a mi pesar.
Encontrarme nuevamente, hace unas semanas, en sendas tocadas barriobajeras me hizo saber que finalmente, el gusano no ha muerto, se enroscaba pernicioso a la espera de seguir fagocitando las entrañas harto podridas de ciudades periféricas a Tlaxcala.
Ahí estaba, muevamente en mi ambiente; hijo pródigo de un sonido subterraneo recibiendo la bienvenida de los que no han salido, ni quieren hacerlo, de la cloaca.
¡Hermanos roqueros, para ustedes será el privilegio de mi zombificación!
Kevin Dubrow sería todo lo maleta y arribista y mediocre que quisieran, pero en 1983 fue el único que hizo, con sus gritos y su imagen, que entrara al mundo del heavy.
Lo malo del asunto es que su muerte viene a ser de los más absurda y anodina y chafa. Antaño, morirse de una sobredosis era entrar al olimpo del Rock'n'roll. Ahora, es una verdadera pendejada; y más si se tienen 52 años y tu banda hace lustros que no es tocada ni en las radios de tu país en la sección de recuerdos.
Pero aún así: !Viva Quiet Riot!
Por otra parte, uno de esos animales que andaban las calles sin tantos aspavientos y sin más intención que simplemente vivir, acaba de encontrarse ante un espejo tipo Tezcatlipoca. El Perro fanzine peregrino resucita, y lo hace con toda su carga de huesos roidos y fotocopiados; faltaba más.
Ya se lo encontrarán por una de esas calles una y otra vez acribilladas por un presunto modernizaje urbano, cómplice de jugosos negocios por parte de nuestras autoridades.
y finalmente, encontré una horda de zombis que creí definitivamente sepultados muy a mi pesar.
Encontrarme nuevamente, hace unas semanas, en sendas tocadas barriobajeras me hizo saber que finalmente, el gusano no ha muerto, se enroscaba pernicioso a la espera de seguir fagocitando las entrañas harto podridas de ciudades periféricas a Tlaxcala.
Ahí estaba, muevamente en mi ambiente; hijo pródigo de un sonido subterraneo recibiendo la bienvenida de los que no han salido, ni quieren hacerlo, de la cloaca.
¡Hermanos roqueros, para ustedes será el privilegio de mi zombificación!
Thursday, December 20, 2007
Ni para que ponerse a mentar madres
Si todo el tiempo, incluido el que se me viene encima, me las he arreglado para salir del lodo.
Ahora que se me acaba el año, bien puedo hacer una lista de toda la gente que me ha ayudado sin ningún pedo:
1.-
2.-
3.-
...
...
...
Y después, leyendo la lista, me encuentro fácil con 666 nombres de gente a toda madre que es amiga en cualquier situación. Así que para que me hago pendejo y le pongo al mundo cara de rencor, si en ese mismo mundo la gente que vale la pena siempre ha estado de mi lado, y de su lado y de todos los lados posibles para hacer de la vida una gran fraternidad al margen del dinero, del poder, del intelecto, del clima y de los usos y costumbres y de todo eso que son artificios sociales.
Por eso, el año se despedirá bufando de hastío pero yo me quedaré aquí celebrando que en mi bolsa no hay un puto peso pero en mi cuerpo y mente hay todavía cantidad de situaciones que valen lo vivido.
SALUD A TODOS!!!!
Ahora que se me acaba el año, bien puedo hacer una lista de toda la gente que me ha ayudado sin ningún pedo:
1.-
2.-
3.-
...
...
...
Y después, leyendo la lista, me encuentro fácil con 666 nombres de gente a toda madre que es amiga en cualquier situación. Así que para que me hago pendejo y le pongo al mundo cara de rencor, si en ese mismo mundo la gente que vale la pena siempre ha estado de mi lado, y de su lado y de todos los lados posibles para hacer de la vida una gran fraternidad al margen del dinero, del poder, del intelecto, del clima y de los usos y costumbres y de todo eso que son artificios sociales.
Por eso, el año se despedirá bufando de hastío pero yo me quedaré aquí celebrando que en mi bolsa no hay un puto peso pero en mi cuerpo y mente hay todavía cantidad de situaciones que valen lo vivido.
SALUD A TODOS!!!!
Reincorporado
O sea, un buen día me volví a levantar. O quizá me volví a aparecer por esta ciudad capital que es la periferia de otra mega capital.
O sea, estoy otra vez recorriendo las calles de Tlaxcala, que por otra parte no se me presenta como una perspectiva alegre de fiestas decembrinas. Mucha gente que desconozco, muchas actividades que se me escaparon, muchas conexiones rotas en escasos cuatro meses.
Y luego, apenas llegando y ya me estoy peleando con los artistos locales.
Vale queso todo esto.
Ni para qué replicar, si apenas me atrevo a hacer preguntas para salir de la ostra, ya me están llamando por teléfono ofendidísimas por mi necesidad de ponerme al corriente.
Aquí hay que andarse con cuidado, porque cualquier momento a alguien le da por suponerse detentor de las cosas de arte; y me incluyo, como no, para estar a tono.
Somos un grupito de payasos jugando a los intelectuales, atreviéndose a encarar al del otro lado de la cerca y elevar el mentón para sentirnos más grandes y mejores.
Así que ni cómo escribir que me siento orgulloso de haber sido llamado maestro allá en Atltzayanca y Tequexquitla; ahora cualquier individuo sin licenciatura es maestro ante los ojos de otros.
Pero entonces, ya acabado mi periodo talleril, ¿Qué voy a hacer para solventar la horrible (según los analistas financieros) cuesta de Enero?
¿Alguien, de los que no se ofenden, me puede sugerir algo para sacar una lana?
Se los agradeceré mucho.
O sea, estoy otra vez recorriendo las calles de Tlaxcala, que por otra parte no se me presenta como una perspectiva alegre de fiestas decembrinas. Mucha gente que desconozco, muchas actividades que se me escaparon, muchas conexiones rotas en escasos cuatro meses.
Y luego, apenas llegando y ya me estoy peleando con los artistos locales.
Vale queso todo esto.
Ni para qué replicar, si apenas me atrevo a hacer preguntas para salir de la ostra, ya me están llamando por teléfono ofendidísimas por mi necesidad de ponerme al corriente.
Aquí hay que andarse con cuidado, porque cualquier momento a alguien le da por suponerse detentor de las cosas de arte; y me incluyo, como no, para estar a tono.
Somos un grupito de payasos jugando a los intelectuales, atreviéndose a encarar al del otro lado de la cerca y elevar el mentón para sentirnos más grandes y mejores.
Así que ni cómo escribir que me siento orgulloso de haber sido llamado maestro allá en Atltzayanca y Tequexquitla; ahora cualquier individuo sin licenciatura es maestro ante los ojos de otros.
Pero entonces, ya acabado mi periodo talleril, ¿Qué voy a hacer para solventar la horrible (según los analistas financieros) cuesta de Enero?
¿Alguien, de los que no se ofenden, me puede sugerir algo para sacar una lana?
Se los agradeceré mucho.
Monday, November 26, 2007
cada mes...
... suceden demasiadas cosas. cada noche recapitulo lo que hice durante el día. Y cada madrugada de sorprende retorciéndome en la cama.
Cada nuevo amanecer se lleva centenares de letras diseminadas alrededor de mi cama, cosas que no acabé de armar en un texto coherente.
Hay tanto, ha pasado tanto.
En fin.
Creo que hasta ahora no he dicho que llevo tres meses trabajando los fines de semana en Altzayanca y Tequexquitla.
Tampoco he dicho que en ese lapso he conocido varias técnicas de pintura, fotografía, vidrio fundido, encuadernado, decorado de cerámica, y hasta engarzado de joyas.
Todo eso y mucho más he aprendido.
He coordinado talleres de fotografía, de pintura, de artes aplicadas, de literatura, un cine club, he sido jurado de por lo menos cinco concursos internos de nuestros talleres, he visitado veinte comunidades pobres, he conocido a señoras de veintitrés años que parecen de cuarenta, he conocido niños con talentos sorprendentes.
He armado una biznaga de barro cocido con pequeños mosaicos, he encuadernado libretas, estoy diseñando un fanzine que se llamará El Salitre, he corregido tres cuentos que se fueron a un concurso nacional cuyo premio es de cien mil pesos.
He pintado en una tarde en una técnica llamada "empanizado", varios cuadros.
Y además, en las próximas dos semanas voy a aprender serigrafía, vitral tífanny, decorado de cestería, grabado, empastado alemán...
UFF!!
Y todo esto, campechaneando el dinero, que las más de las veces no son más de trescientos pesos semanales.
Y lo que falta por hacer en tan solo mes y días para que se acabe este año.
Cada nuevo amanecer se lleva centenares de letras diseminadas alrededor de mi cama, cosas que no acabé de armar en un texto coherente.
Hay tanto, ha pasado tanto.
En fin.
Creo que hasta ahora no he dicho que llevo tres meses trabajando los fines de semana en Altzayanca y Tequexquitla.
Tampoco he dicho que en ese lapso he conocido varias técnicas de pintura, fotografía, vidrio fundido, encuadernado, decorado de cerámica, y hasta engarzado de joyas.
Todo eso y mucho más he aprendido.
He coordinado talleres de fotografía, de pintura, de artes aplicadas, de literatura, un cine club, he sido jurado de por lo menos cinco concursos internos de nuestros talleres, he visitado veinte comunidades pobres, he conocido a señoras de veintitrés años que parecen de cuarenta, he conocido niños con talentos sorprendentes.
He armado una biznaga de barro cocido con pequeños mosaicos, he encuadernado libretas, estoy diseñando un fanzine que se llamará El Salitre, he corregido tres cuentos que se fueron a un concurso nacional cuyo premio es de cien mil pesos.
He pintado en una tarde en una técnica llamada "empanizado", varios cuadros.
Y además, en las próximas dos semanas voy a aprender serigrafía, vitral tífanny, decorado de cestería, grabado, empastado alemán...
UFF!!
Y todo esto, campechaneando el dinero, que las más de las veces no son más de trescientos pesos semanales.
Y lo que falta por hacer en tan solo mes y días para que se acabe este año.
Thursday, October 04, 2007
Animales de costumbres
¿Qué es lo que no se olvida?
¿Hacer una marcha tradicionalizada?
¿Los motivos ya obnubilados por el paso de 39 años?
¿Jugar al gran contestatario pintando un símbolo que hace mucho no significa nada?
¿Ensalzar el recuerdo torcido por diferentes versiones y mangoneado por diversas ideologías?
El dos de octubre de 1968 es el caballito de batalla de quienes hacen del desacuerdo una bandera. Todos lo hemos hecho. Como decía, es ya una tradición. Pero precisamente por haberse convertido en eso, se ha vuelto superficial, pachanguero, pasarélico. El que siendo joven y contestatario no participa en la marcha es que está a medias. No es digno de llamarse ser social pensante. No ha pasado por el evento iniciático de enfrentarse cara a cara con un policía que a estas alturas, ya sonríe con sorna porque él, en algún momento también estuvo de ese lado, pero la necesidad de lo cotidiano lo hizo situarse del otro bando.
Por eso cada año vemos caras nuevas gritando frases viejas. Cada año el desfile de playeras con el Che, con la A, con logos de izquierda. Cada año lo mismo y cada año algo nuevo. Las mismas protestas, las mismas quejas de los negocios grafiteados sin razón, las mismas denuncias de los medios de comunicación, las mismas promesas de los encargados del poder. ¿Y luego qué?
Los discursos siempre han sido el recurso más rimbombante, el más aparatoso y también el más seguro. Y de muchos años a la fecha, el dos de octubre es un discurso cada vez más monolítico sin posibilidad de modificación.
Sí, ya sabemos que el gobierno fue y es un gandalla, un cínico, un verdadero culero. Si, ya sabemos quienes fueron los autores intelectuales. Si, ya sabemos que para bien o para mal, la historia cobrará las respectivas facturas. Si, también sabemos que todos los años se promete justicia. Si, eso y más, ya sabemos demasiado del tema. (Con excepción de los que, por pura inexperiencia, saben todo al revés).
Pero lo que no sabemos es cómo hacer efectiva la protesta, como transformar el rito, cómo beneficiarnos de lo que sea que hayan logrado con su muerte aquellos miles de personas en Tlatelolco. No sabemos aún dejar de lado el discurso y pasar a los hechos. No sabemos quitarnos el miedo atávico al verdadero cambio.
Porque a treinta y nueve años ya deberíamos haber superado la costumbre de salir, gritar, protestar vanamente y después regresar a casa, sentarnos a presenciar cómo impunemente nos endilgan día tras día, con sonrisas perversas, alzas de precios, leyes estúpidas, injusticias, desigualdades sociales. Y todo, con la complacencia inerte de quien cree que discurseando ya hizo su parte.
Como un servidor, que acabando este discurso, seguramente me iré a acostar porque mañana, la inevitable chamba me hará bajar la mirada y dejaré que otros se beneficien con mi trabajo.
No lo olviden.
Aunque con estas circunstancias, la mayoría prefiera olvidarse de todo y dedicarse a vivir su vida, que la de los demás, que se las arreglen como puedan.
¿Si o no?
¿Hacer una marcha tradicionalizada?
¿Los motivos ya obnubilados por el paso de 39 años?
¿Jugar al gran contestatario pintando un símbolo que hace mucho no significa nada?
¿Ensalzar el recuerdo torcido por diferentes versiones y mangoneado por diversas ideologías?
El dos de octubre de 1968 es el caballito de batalla de quienes hacen del desacuerdo una bandera. Todos lo hemos hecho. Como decía, es ya una tradición. Pero precisamente por haberse convertido en eso, se ha vuelto superficial, pachanguero, pasarélico. El que siendo joven y contestatario no participa en la marcha es que está a medias. No es digno de llamarse ser social pensante. No ha pasado por el evento iniciático de enfrentarse cara a cara con un policía que a estas alturas, ya sonríe con sorna porque él, en algún momento también estuvo de ese lado, pero la necesidad de lo cotidiano lo hizo situarse del otro bando.
Por eso cada año vemos caras nuevas gritando frases viejas. Cada año el desfile de playeras con el Che, con la A, con logos de izquierda. Cada año lo mismo y cada año algo nuevo. Las mismas protestas, las mismas quejas de los negocios grafiteados sin razón, las mismas denuncias de los medios de comunicación, las mismas promesas de los encargados del poder. ¿Y luego qué?
Los discursos siempre han sido el recurso más rimbombante, el más aparatoso y también el más seguro. Y de muchos años a la fecha, el dos de octubre es un discurso cada vez más monolítico sin posibilidad de modificación.
Sí, ya sabemos que el gobierno fue y es un gandalla, un cínico, un verdadero culero. Si, ya sabemos quienes fueron los autores intelectuales. Si, ya sabemos que para bien o para mal, la historia cobrará las respectivas facturas. Si, también sabemos que todos los años se promete justicia. Si, eso y más, ya sabemos demasiado del tema. (Con excepción de los que, por pura inexperiencia, saben todo al revés).
Pero lo que no sabemos es cómo hacer efectiva la protesta, como transformar el rito, cómo beneficiarnos de lo que sea que hayan logrado con su muerte aquellos miles de personas en Tlatelolco. No sabemos aún dejar de lado el discurso y pasar a los hechos. No sabemos quitarnos el miedo atávico al verdadero cambio.
Porque a treinta y nueve años ya deberíamos haber superado la costumbre de salir, gritar, protestar vanamente y después regresar a casa, sentarnos a presenciar cómo impunemente nos endilgan día tras día, con sonrisas perversas, alzas de precios, leyes estúpidas, injusticias, desigualdades sociales. Y todo, con la complacencia inerte de quien cree que discurseando ya hizo su parte.
Como un servidor, que acabando este discurso, seguramente me iré a acostar porque mañana, la inevitable chamba me hará bajar la mirada y dejaré que otros se beneficien con mi trabajo.
No lo olviden.
Aunque con estas circunstancias, la mayoría prefiera olvidarse de todo y dedicarse a vivir su vida, que la de los demás, que se las arreglen como puedan.
¿Si o no?
Otra metida de pata
Pues ya que estamos con las metidas de pata, resulta que el lunes metí las dos, bajo la llanta delantera de un camión refresquero.
Lo que son las cosas, muchas veces había imaginado qué pasaría con la gente que es machucada de esa manera, si van al hospital con los pies aplanados, si andan en muletas o si aquello acaba con gangrena y amputación y todo eso; ya saben, me gusta el Death Gore.
Pues nada, que en lo que abrían la oficina donde se pagan los recibos de la luz, se me hizo fácil sentarme a esperar en la orilla de la banqueta. Un camión de refrescos (juro que no recuerdo la marca, pero me gustaría mencionarla nomás por publicitar un producto mexicano), se estacionó a unos seis metros de mí. El machetero se dedicó a descargar las botellas y mientras tanto yo me puse a charlar con alguna persona del pasado por el celular. Pasaron cosa de cuatro minutos, el ayudante trepó al camión y el chofer arrancó.
Uno espera que los conductores, cuando arrancan un vehículo, se separen de la orilla de la banqueta para poder maniobrar libremente por el camino, y eso esperé; pero cuando por el rabillo del ojo pude ver que aquello se me venía encima, hice para atrás el cuerpo y quise levantar los pies. Pero la pinche llanta ya estaba pasando por encima de ellos, como si fueran una rampita o uno de esos montoncitos de tierra que la gente deja abandonada después de barrer sus fachadas. Seguramente eso pensó aquel cabrón porque ni siquiera se asomaron a ver qué habían aplastado.
En el momento de pasar la llanta delantera pude levantar los pies y así la trasera ya no hizo lo suyo, que si no, dado que es la que lleva el peso pesado, de seguro sí me chinga.
Bueno. El camión se fue, la gente medio que se enteró pero no hizo nada, y yo ahí, de espaldas en la banqueta, con las piernas al aire como esperando algo sexual, y preguntándome si me habría pasado algo cabrón. Así que me enderecé lentamente, me levanté, apoyé los pies que me ardían, hice flexiones, moví los dedos, giré los tobillos, pisé con toda la planta y bendito lo que sea, no tenía nada quebrado. Miré a mi alrededor y les juro que la gente se hizo pendeja mirando a su vez para cualquier lado. Así es como reaccionamos cuando hay un asalto o un asesinato, un atropellamiento o cualquier cosa. “Mejor ni te metas” es la consigna. Fácil ¿no?
No había bronca, no era una desgracia en sí sino una suerte; de los males el menor.
Todavía esperé media hora a que llegara la señora de los recibos. Ni modo que me fuera a mi casa y regresara más tarde; era el último día de pago. Llegó por fin, otras personas se agandallaron mi lugar, y cuando me tocó el turno, expuse mi caso: Señora, fíjese que no me llegó mi recibo y vine a ver su de casualidad lo tenía. No, pues no. A ver, uno anterior. Es que no lo tengo. Entonces tráigame el número de su medidor. No sé cual es. Pa’ pronto, copie todos los números que vea y yo sabré cual es el del medidor.
Fui a la casa de a cojito, regresé con un papel de tres líneas de números, ella ubicó el bueno y me dijo que mañana regresara y que ella ya tendría el recibo. Es que mañana trabajo. Entonces vaya a pagar al cajero.
Otra vez de a cojito fui a la parada, bajé a las oficinas de la CFE, hice cola en el cajero, pagué, regresé a la parada, tomé mi combi y volví a casa.
Los vecinitos preguntaron: ¿Por qué caminas así? Me torcí el pie. ¿Y por qué no lo enderezas? (¿Y por qué no te vas a la chingada?) Claro que eso nomás lo pensé. Subí a mi casa, recordé que Ángela me pidió que enjuagara la ropa porque si se queda en la lavadora se apesta, así que la enjuagué, la subí a la azotea, la tendí y bajé a encender el boiler para llenar una bandeja con agua caliente y sal y meter los pies y ya no volver a levantarme de la cama.
Recibí un mensaje: mándame los expedientes secretos X de Tequexquitla, por mail. Los llevé (siempre de a cojito, cada vez con más dolores), charlé un poco por el Messenger con Zamiasa, y fui a meterme a la cama.
Pero por la noche alguien tocó a mi puerta y al bajar el pie, el tamal que llegó al suelo protestó con un dolor cabrón. Como pude me deslicé a la ventana, grité al patio y le pedí a la visita que cachara mis llaves y que se metiera porque yo hasta la puerta no llegaba.
De ahí en adelante, con gran altruismo, Ángela se ha encargado de traerme el desayuno, comida y cena. Los cuates me han hablado por teléfono, una me visitó y ya hasta me han hablado para ofrecerme trabajo, justo ahora que todavía no puedo pisar firme.¿Qué cosas no?
Lo que son las cosas, muchas veces había imaginado qué pasaría con la gente que es machucada de esa manera, si van al hospital con los pies aplanados, si andan en muletas o si aquello acaba con gangrena y amputación y todo eso; ya saben, me gusta el Death Gore.
Pues nada, que en lo que abrían la oficina donde se pagan los recibos de la luz, se me hizo fácil sentarme a esperar en la orilla de la banqueta. Un camión de refrescos (juro que no recuerdo la marca, pero me gustaría mencionarla nomás por publicitar un producto mexicano), se estacionó a unos seis metros de mí. El machetero se dedicó a descargar las botellas y mientras tanto yo me puse a charlar con alguna persona del pasado por el celular. Pasaron cosa de cuatro minutos, el ayudante trepó al camión y el chofer arrancó.
Uno espera que los conductores, cuando arrancan un vehículo, se separen de la orilla de la banqueta para poder maniobrar libremente por el camino, y eso esperé; pero cuando por el rabillo del ojo pude ver que aquello se me venía encima, hice para atrás el cuerpo y quise levantar los pies. Pero la pinche llanta ya estaba pasando por encima de ellos, como si fueran una rampita o uno de esos montoncitos de tierra que la gente deja abandonada después de barrer sus fachadas. Seguramente eso pensó aquel cabrón porque ni siquiera se asomaron a ver qué habían aplastado.
En el momento de pasar la llanta delantera pude levantar los pies y así la trasera ya no hizo lo suyo, que si no, dado que es la que lleva el peso pesado, de seguro sí me chinga.
Bueno. El camión se fue, la gente medio que se enteró pero no hizo nada, y yo ahí, de espaldas en la banqueta, con las piernas al aire como esperando algo sexual, y preguntándome si me habría pasado algo cabrón. Así que me enderecé lentamente, me levanté, apoyé los pies que me ardían, hice flexiones, moví los dedos, giré los tobillos, pisé con toda la planta y bendito lo que sea, no tenía nada quebrado. Miré a mi alrededor y les juro que la gente se hizo pendeja mirando a su vez para cualquier lado. Así es como reaccionamos cuando hay un asalto o un asesinato, un atropellamiento o cualquier cosa. “Mejor ni te metas” es la consigna. Fácil ¿no?
No había bronca, no era una desgracia en sí sino una suerte; de los males el menor.
Todavía esperé media hora a que llegara la señora de los recibos. Ni modo que me fuera a mi casa y regresara más tarde; era el último día de pago. Llegó por fin, otras personas se agandallaron mi lugar, y cuando me tocó el turno, expuse mi caso: Señora, fíjese que no me llegó mi recibo y vine a ver su de casualidad lo tenía. No, pues no. A ver, uno anterior. Es que no lo tengo. Entonces tráigame el número de su medidor. No sé cual es. Pa’ pronto, copie todos los números que vea y yo sabré cual es el del medidor.
Fui a la casa de a cojito, regresé con un papel de tres líneas de números, ella ubicó el bueno y me dijo que mañana regresara y que ella ya tendría el recibo. Es que mañana trabajo. Entonces vaya a pagar al cajero.
Otra vez de a cojito fui a la parada, bajé a las oficinas de la CFE, hice cola en el cajero, pagué, regresé a la parada, tomé mi combi y volví a casa.
Los vecinitos preguntaron: ¿Por qué caminas así? Me torcí el pie. ¿Y por qué no lo enderezas? (¿Y por qué no te vas a la chingada?) Claro que eso nomás lo pensé. Subí a mi casa, recordé que Ángela me pidió que enjuagara la ropa porque si se queda en la lavadora se apesta, así que la enjuagué, la subí a la azotea, la tendí y bajé a encender el boiler para llenar una bandeja con agua caliente y sal y meter los pies y ya no volver a levantarme de la cama.
Recibí un mensaje: mándame los expedientes secretos X de Tequexquitla, por mail. Los llevé (siempre de a cojito, cada vez con más dolores), charlé un poco por el Messenger con Zamiasa, y fui a meterme a la cama.
Pero por la noche alguien tocó a mi puerta y al bajar el pie, el tamal que llegó al suelo protestó con un dolor cabrón. Como pude me deslicé a la ventana, grité al patio y le pedí a la visita que cachara mis llaves y que se metiera porque yo hasta la puerta no llegaba.
De ahí en adelante, con gran altruismo, Ángela se ha encargado de traerme el desayuno, comida y cena. Los cuates me han hablado por teléfono, una me visitó y ya hasta me han hablado para ofrecerme trabajo, justo ahora que todavía no puedo pisar firme.¿Qué cosas no?
Monday, September 24, 2007
la muerte no es la misma
Digan lo que digan los filósofos de bolsillo, la muerte no nos empareja, no por lo menos en el plano de los vivos.
Sunday, September 16, 2007
¡Independientes!
Ayer celebramos nuestra gran independencia (a lo que sea) comiendo pizzas y hot dogs, bebiendo coca cola mientras entonàbamos rolas de lo mejor del Pop en inglés. Dimos el grito sonriendo a la cámara musitando un whisky!
Recorrimos los puestos de piratería china y a través de nuestros sombreros forrados de fieltro importado, presenciamos ellamentable discurso oficial con la eterna cantaleta de los héroes que nos dieron patria y libertad.
Recorrimos los puestos de piratería china y a través de nuestros sombreros forrados de fieltro importado, presenciamos ellamentable discurso oficial con la eterna cantaleta de los héroes que nos dieron patria y libertad.
Friday, September 14, 2007
La vocación del ambulante
Sólo basta que la situación se presente para que comiencen a germinar cual hongos, los vendedores de souvenirs allí donde menos te lo esperas.
Basta que una calle cualquiera muestre cierta desigualdad para que en un huequito aparezca de pronto una vendedora de tamales o chalupas. Basta que una banqueta esté un poco más ancha que las otras para que un puesto de mallas cuadriculadas se ensamble de pronto y exhiba desde discos y pelis piratas hasta cinturones, gorras, bolsos y chucherías de esa ralea.
Es más, basta que una carretera ofrezca una dosis adecuada de topes ("reductores de velocidad", se lee en algunos señalamientos carreteros), para que ahí mismo te ofrezcan gorras, accesorios para auto, piñatas, por la vía corta a Puebla vemos piñatas, voceadores, fruta de temporada, sidras apiladas en los camellonos, papalotes (a la altura de Papalotla, ¿dónde más?), talavera y otras cosas propias de la zona.
Pero lo que me lleva a escribir esto es la cantidad francamente pintoresca de los que ahora han asaltado ese pequeño tramo que viene desde el seminario de la Y Griega hasta poco antes de San Matías. Ahí, a distintas horas es posible encontrar tamales y jugos de naranja, duraznos, tunas peladas con todo y su bolsita de chile piquín, dulces, cacahuates y garapiñados, tortas preparadas, refrescos en lata que toman de una tina con hielos al costado de la carretera, franelas, entre otras linduras. Ya hay por lo menos dos vendedores de bon ice, vamos, que hasta un supermán de hule ya vi por ahí. Luego está el detalle que los vendedores tienen sus camionetas por ahí estacionadas para surtirse, y en caso de fatiga, ir a sentarse, hechar taco carretero y cotorrear el punto a la sombra de una lona azul. Me quedé con ganas de ver si por ahí oculto andaba un Sanirent.
Pero ¿saben que es lo que más me llama la atención?
Uno como sea ya ubica a los ambulantes por una indefinible fisonomía. Como que son morenos, con aire de curtidos por el sol, como una característica indumentaria, en fin ustedes entienden. Lo que he visto últimamente es a chicas con pinta más de estudiantes en día de pinta que de chavas trabajando por el sustento. Bonitas viceras, deditos lindos, boquitas pintadas y gestitos de no soportar el calor pelante, vendiendo accesorios para celulares, peluchitos, cuadros de esos de marco rústico y barniz espeso.
Ante esas, no me extrañará ver dentro de poco, y ante la tardanza de la obra, unos locales como dios manda, para que uno pase como en el super: revisando las etiquetas y eligiendo que comprar al vendedor en turno.
Lo que si me extraña es no ver a cierto amigo, excelente contador de historias, ejerciendo su otro oficio de vendedor de cuadros en carretera.
Saludos amigo!!!
Ah, para todos ustedes: la próxima vez que andemos por esos rumbos, si llegamos a coincidir, ¡yo invito las tunas con chilito piquín!
Basta que una calle cualquiera muestre cierta desigualdad para que en un huequito aparezca de pronto una vendedora de tamales o chalupas. Basta que una banqueta esté un poco más ancha que las otras para que un puesto de mallas cuadriculadas se ensamble de pronto y exhiba desde discos y pelis piratas hasta cinturones, gorras, bolsos y chucherías de esa ralea.
Es más, basta que una carretera ofrezca una dosis adecuada de topes ("reductores de velocidad", se lee en algunos señalamientos carreteros), para que ahí mismo te ofrezcan gorras, accesorios para auto, piñatas, por la vía corta a Puebla vemos piñatas, voceadores, fruta de temporada, sidras apiladas en los camellonos, papalotes (a la altura de Papalotla, ¿dónde más?), talavera y otras cosas propias de la zona.
Pero lo que me lleva a escribir esto es la cantidad francamente pintoresca de los que ahora han asaltado ese pequeño tramo que viene desde el seminario de la Y Griega hasta poco antes de San Matías. Ahí, a distintas horas es posible encontrar tamales y jugos de naranja, duraznos, tunas peladas con todo y su bolsita de chile piquín, dulces, cacahuates y garapiñados, tortas preparadas, refrescos en lata que toman de una tina con hielos al costado de la carretera, franelas, entre otras linduras. Ya hay por lo menos dos vendedores de bon ice, vamos, que hasta un supermán de hule ya vi por ahí. Luego está el detalle que los vendedores tienen sus camionetas por ahí estacionadas para surtirse, y en caso de fatiga, ir a sentarse, hechar taco carretero y cotorrear el punto a la sombra de una lona azul. Me quedé con ganas de ver si por ahí oculto andaba un Sanirent.
Pero ¿saben que es lo que más me llama la atención?
Uno como sea ya ubica a los ambulantes por una indefinible fisonomía. Como que son morenos, con aire de curtidos por el sol, como una característica indumentaria, en fin ustedes entienden. Lo que he visto últimamente es a chicas con pinta más de estudiantes en día de pinta que de chavas trabajando por el sustento. Bonitas viceras, deditos lindos, boquitas pintadas y gestitos de no soportar el calor pelante, vendiendo accesorios para celulares, peluchitos, cuadros de esos de marco rústico y barniz espeso.
Ante esas, no me extrañará ver dentro de poco, y ante la tardanza de la obra, unos locales como dios manda, para que uno pase como en el super: revisando las etiquetas y eligiendo que comprar al vendedor en turno.
Lo que si me extraña es no ver a cierto amigo, excelente contador de historias, ejerciendo su otro oficio de vendedor de cuadros en carretera.
Saludos amigo!!!
Ah, para todos ustedes: la próxima vez que andemos por esos rumbos, si llegamos a coincidir, ¡yo invito las tunas con chilito piquín!
Me caí de la azotea en que andaba
Iba a poner "...de la nube..." Pero eso ya me sonaba a cursilería no propia para narrar un suceso absolutamente trivial pero que me dejó con una sensación curiosísima.
Y es que a mis treinta años, el caer de esa manera, cual mocosito de preescolar, no era para menos que reírme de mí mismo además de lo que lo harían quienes me hubieran visto.
Adjunto al suceso, ya venían sumándose otras caídas más alegóricas, como la caída de mi cabello hace cosa de dos meses, la caída de mis playeras negras ante un bárbaro sol despellejante, o la caída de mis hombros ante el embate de mis deudas. En fin.
Pero de lo que se trata es de contar que hace unos días, mientras preparaba el desayuno, escuché al gasero vociferar desde la calle, y para evitar que se me fuera a escapar, bajé corriendo las escaleras de mi casa, driblé el coche del vecino, y de repente, sin saber exactamente como, mi zapato derecho se quedó atorado en una rendija de la loseta, y caí como caería una canoa, hasta dobladito hacia atrás. Sentí el golpe de mis rodillas, de la panza, de mi codo izquierdo y la palma de la mano derecha untándose en el cemento.
Naturalmente solté la risa ¿qué más podía hacer? Bueno, levantarme. Pero la risa no duró mucho, de lo que me sentía adolorido era del estómago. Así que lo más contundido fue mi estómago. Vaya, pensé, como niño.
Así que, nuevamente, haciendo como que no pasaba nada, sin voltear a ningún lado, y rogando porque nadie más hubiera presenciado el ranazo, fui a comprar mi tanque y a colocarlo para, después del baño, seguir cayendo en esta dinámica de caídas y claudicaciones.
ya diré más sobre eso que tenga mayor relevancia; mientras tanto, aún me sigo sobando la panza. Je je je.
Y es que a mis treinta años, el caer de esa manera, cual mocosito de preescolar, no era para menos que reírme de mí mismo además de lo que lo harían quienes me hubieran visto.
Adjunto al suceso, ya venían sumándose otras caídas más alegóricas, como la caída de mi cabello hace cosa de dos meses, la caída de mis playeras negras ante un bárbaro sol despellejante, o la caída de mis hombros ante el embate de mis deudas. En fin.
Pero de lo que se trata es de contar que hace unos días, mientras preparaba el desayuno, escuché al gasero vociferar desde la calle, y para evitar que se me fuera a escapar, bajé corriendo las escaleras de mi casa, driblé el coche del vecino, y de repente, sin saber exactamente como, mi zapato derecho se quedó atorado en una rendija de la loseta, y caí como caería una canoa, hasta dobladito hacia atrás. Sentí el golpe de mis rodillas, de la panza, de mi codo izquierdo y la palma de la mano derecha untándose en el cemento.
Naturalmente solté la risa ¿qué más podía hacer? Bueno, levantarme. Pero la risa no duró mucho, de lo que me sentía adolorido era del estómago. Así que lo más contundido fue mi estómago. Vaya, pensé, como niño.
Así que, nuevamente, haciendo como que no pasaba nada, sin voltear a ningún lado, y rogando porque nadie más hubiera presenciado el ranazo, fui a comprar mi tanque y a colocarlo para, después del baño, seguir cayendo en esta dinámica de caídas y claudicaciones.
ya diré más sobre eso que tenga mayor relevancia; mientras tanto, aún me sigo sobando la panza. Je je je.
Tuesday, August 21, 2007
De Morelos a Tlaxcala
Llegaron seis poetas, de los cuales, como es de esperarse, hubo buenas críticas y una serie de trabajos disímbolos.
Digamos que por parte de ellos no hubo mayor problema y menor sorpresa. No puedo decir lo mismo por parte de los escritores tlaxcaltecas, los que brillaron por su ausencia en un evento que puede dejar ver, a ojos externos, lo mal organizados que estamos, a pesar de las ínfulas de Enrique.
Se dejaron ver varias cosas, como la nula convocatoria que hubo, la falta de compromiso de los que a su vez y en su momento, irán a poner en evidencia las letras tlaxcaltecas. Un ejemplo: Uno de los visitantes, después de las presentaciones, preguntó si éramos nosotros los que iríamos a Cuernavaca en octubre. Enrique respondió que no, que ninguno de los que estábamos presentes era el elegido, que los que estaban programados no habían llegado. Al día siguiente tampoco estuvieron, excepto Efrén, por un momento en el taller matutino, y Perla Karina y Yassir por la tarde. de ahí, los demás brillaron por su ausencia.
Y ya que hablo de ausencias, la más perjudicial fue la ausencia de publicidad al respecto. A estas alturas no basta un correo electrónico enviado la tarde anterior a una raquítica lista de receptores, de los cuales un diminuto porcentaje hizo eco.
el resto de las cosas que vi, como me hacen encabronar, mejor dejo que se asienten y luego las consigno.
saludos a todos.
Digamos que por parte de ellos no hubo mayor problema y menor sorpresa. No puedo decir lo mismo por parte de los escritores tlaxcaltecas, los que brillaron por su ausencia en un evento que puede dejar ver, a ojos externos, lo mal organizados que estamos, a pesar de las ínfulas de Enrique.
Se dejaron ver varias cosas, como la nula convocatoria que hubo, la falta de compromiso de los que a su vez y en su momento, irán a poner en evidencia las letras tlaxcaltecas. Un ejemplo: Uno de los visitantes, después de las presentaciones, preguntó si éramos nosotros los que iríamos a Cuernavaca en octubre. Enrique respondió que no, que ninguno de los que estábamos presentes era el elegido, que los que estaban programados no habían llegado. Al día siguiente tampoco estuvieron, excepto Efrén, por un momento en el taller matutino, y Perla Karina y Yassir por la tarde. de ahí, los demás brillaron por su ausencia.
Y ya que hablo de ausencias, la más perjudicial fue la ausencia de publicidad al respecto. A estas alturas no basta un correo electrónico enviado la tarde anterior a una raquítica lista de receptores, de los cuales un diminuto porcentaje hizo eco.
el resto de las cosas que vi, como me hacen encabronar, mejor dejo que se asienten y luego las consigno.
saludos a todos.
Thursday, August 09, 2007
El rock en Tlaxcala
¿Qué es esa cosa mimética que a cada uno de los implicados concierne de muy distintas maneras?
Hace años pensaba constantemente sobre quién podría ostentarse con mayor certeza como roquero: aquel que en las calles hacía de ese maldito ritmo su modo de responder a las miradas de suspicacia que la gente le dedicaba, o aquel que, con la vida más ligera, podía comprar puntualmente los discos más recientes de los diversos subgéneros que conforman el rock.
De igual manera, escuchaba a aquellos que, haciendo caso a sus pasiones se ostentaban como más gruesos que el de junto en materia rocanrolera, al tiempo que demeritaban a otros con menor convicción o menores aventuras.
Pensaba si el roquero era aquel compañero de clases de tercero de primaria, miembro de una pandilla de barrio, o aquel que, siempre las manos en las bolsas, regresaba a sentarse junto a su padre a escuchar con tranquilidad discos de The Beatles y el resto de la ola inglesa.
Quien que haciendo gala de medios, organizaba tocadas, o aquel que, enarbolando nihilismo, se madreaba a todo aquel que no llevara facha punk.
El roquero en tlaxcala está en todos lados: en la tocada, en su cuarto, en su oficina, en una cabina de radio, en la tienda de discos, en un cuarto de ensayo, en una banqueta llegándole a la chela o al chemo. en el salón de clases y el aula universitaria, en una redacción de revista literaria underground o en el baño hojeando una reva porno.
Metido en las maquinitas o en la fábrica. Dentro de una botarga, de un traje o de un uniforme.
está en las nubes o cultivando su intelecto. Tomando capuccinos o pulque.
Está en cualquier lado, repito...
excepto en un libro de reciente aparición llamado: El rock en Tlaxcala.
Hace años pensaba constantemente sobre quién podría ostentarse con mayor certeza como roquero: aquel que en las calles hacía de ese maldito ritmo su modo de responder a las miradas de suspicacia que la gente le dedicaba, o aquel que, con la vida más ligera, podía comprar puntualmente los discos más recientes de los diversos subgéneros que conforman el rock.
De igual manera, escuchaba a aquellos que, haciendo caso a sus pasiones se ostentaban como más gruesos que el de junto en materia rocanrolera, al tiempo que demeritaban a otros con menor convicción o menores aventuras.
Pensaba si el roquero era aquel compañero de clases de tercero de primaria, miembro de una pandilla de barrio, o aquel que, siempre las manos en las bolsas, regresaba a sentarse junto a su padre a escuchar con tranquilidad discos de The Beatles y el resto de la ola inglesa.
Quien que haciendo gala de medios, organizaba tocadas, o aquel que, enarbolando nihilismo, se madreaba a todo aquel que no llevara facha punk.
El roquero en tlaxcala está en todos lados: en la tocada, en su cuarto, en su oficina, en una cabina de radio, en la tienda de discos, en un cuarto de ensayo, en una banqueta llegándole a la chela o al chemo. en el salón de clases y el aula universitaria, en una redacción de revista literaria underground o en el baño hojeando una reva porno.
Metido en las maquinitas o en la fábrica. Dentro de una botarga, de un traje o de un uniforme.
está en las nubes o cultivando su intelecto. Tomando capuccinos o pulque.
Está en cualquier lado, repito...
excepto en un libro de reciente aparición llamado: El rock en Tlaxcala.
Tuesday, July 31, 2007
A falta de un libro completo...
... acabo de recibir un paquete de libros que tardó siete años en ver la luz.
Este es una antología de narradores de la zona centro del país. Participan los estados de Puebla, Estado de México, Df, Oaxaca, Hidalgo y Tlaxcala. En Tlaxcala hicieron una convocatoria en el 2000 para este mismo, y resultamos elegidos yassir Zárate, Alan Cervantes y un servidor. Pero a medida que pasaban los años yo creí que ya se había ido al carajo la edición hasta que, hace unas semanas, me enteré que siempre sí, que el libro ya estaba en las oficinas de ITC, así que fuí y efectivamente, en una edición respetable, ya estaba "Fuego Cruzado", que es el título de la antología, donde entre otros aparecen BEF, Socorro Venegas, Arcenia Soriano, los mencionados Alan y Yassir y otros que en este momento no recuerdo.
El cuento mío que ahí aparece es "Caminito de la escuela" que previamente fue publicado en "Mi corazón es el pie derecho de un animal".
A estas alturas, debe haber algunos que ya no sientan tanta emoción; pero a mi sí, me tranquiliza y me hace concebir nuevas esperanzas de que mi libro será publicado...
... espero que no siete años después.
Este es una antología de narradores de la zona centro del país. Participan los estados de Puebla, Estado de México, Df, Oaxaca, Hidalgo y Tlaxcala. En Tlaxcala hicieron una convocatoria en el 2000 para este mismo, y resultamos elegidos yassir Zárate, Alan Cervantes y un servidor. Pero a medida que pasaban los años yo creí que ya se había ido al carajo la edición hasta que, hace unas semanas, me enteré que siempre sí, que el libro ya estaba en las oficinas de ITC, así que fuí y efectivamente, en una edición respetable, ya estaba "Fuego Cruzado", que es el título de la antología, donde entre otros aparecen BEF, Socorro Venegas, Arcenia Soriano, los mencionados Alan y Yassir y otros que en este momento no recuerdo.
El cuento mío que ahí aparece es "Caminito de la escuela" que previamente fue publicado en "Mi corazón es el pie derecho de un animal".
A estas alturas, debe haber algunos que ya no sientan tanta emoción; pero a mi sí, me tranquiliza y me hace concebir nuevas esperanzas de que mi libro será publicado...
... espero que no siete años después.
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